lunes, julio 25, 2005

Por eso escribo...



Definitivamente escribo por fragilidad, por sensibilidad, por una extraña adicción a la melancolía. Escribo porque, de esta forma hago desvanecer los fantasmas que me habitan, los saco de paseo, los aireo, luego, cuando están cansados, los imprimo en papel y ya no me asustan.
Escribo porque siento, porque, aunque me enfurezca aceptarlo, me enamoro, porque amo y odio, porque quiero y detesto y eso es humano... por eso escribo.
Escribiendo, doy forma a la sensación, la decoro con letras, creo las frases que luego darán los brotes de mi cosecha y de esta forma, yo mismo me ilumino cuando enciendo mis caminos.
Escribo porque me embarazo de sentimientos y más adelante doy a luz lo que luego he de acariciar ante mis ojos, mis obras.
Escribo mi tristeza, mis fracasos, disfrazándolos en historias ajenas.
Escribo mi éxito y mi ventura, dándole el matiz del amor que solo yo puedo sentir en un instante.
Escribo porque dreno, me libero y vuelo en el sencillo arte de escribir. Transformo las frustraciones cuando las plasmo, proyecto el abono de mi destino cuando las pienso.
Escribo porque soy fiel a lo que siento mi interior, porque creo en la vida, porque me adhiero al latido, porque soy sangre y corazón y en ellos me diluyo.
Escribo porque tengo muy dentro un rebelde huracán que necesita liberarse, porque soy inquieta y distraída, y en esa distracción me elevo a otros mundos que nadie puede entender.
Escribo porque quiero ser vulnerable, sin fortaleza, para que al sentirme indefensa, fluyan las fuerzas que me han de dejar expresarme.
Escribo porque, aunque me asiento en la realidad, me enloquece la fantasía, porque necesito el reposo que me otorga en sentarme en un teclado y dejarme llevar, porque soy humana y necesito un abrazo, por eso escribo...
Escribo porque no creo en la justicia del mundo, porque me resisto a la sociedad condenante, porque no encajo en lo normal, por eso escribo.
Escribo, porque solo vivo un día al tiempo, porque puedo ser cómplice sin involucrarme, porque aún, a pesar de lo vivido, albergo la esperanza.
Escribo porque tengo miedo de que se dañe mi siembra, porque como todos, quiero frutos más fuertes que el árbol, porque me falla la voluntad y en esa lucha me encuentro.
Escribo porque sé del dolor y la traición, porque aún así, cosecho la ilusión, porque creo en la piel y en el instinto, por eso escribo...
Escribo porque la felicidad no existe, el anhelo por encontrarla muchas veces nos hace ir tras un espejismo sin disfrutar del momento que nos ofrece la vida.
Escribo sin futuro, porque cuando ya no esté, será ese el futuro que hoy, en el presente se me abre con el único fin de vivirlo intensamente, por eso escribo...
Escribo por esa ausencia de aquello que me falta, porque al hacerlo, estoy pintando con tímidas frases lo que anhelo, lo que siento.
Por eso, escribo.