sábado, marzo 01, 2008

La mujer de altura

Las mujeres grandes dicen que no escriben poesía. Y entonces, bajo un pseudónimo sugerente, paren las letras, acunan las prosas y despiertan fantasías. Desdeñan lo rosa y los camisones de flores, aguardan sin paciencia y con mucha expectativa al hombre de su vida.Juegan en otros brazos al placer del olvido, pero llevan signados un nombre, uno solo, en uno de sus bolsillos.
Las mujeres fuertes no hablan de soledades recién nacidas, fingen fortaleza de guerrera! , proclaman autocontrol con una sonrisa. Jamás se extravían en canales de caricias, aunque mueran por ser sumisas y vencidas heroínas. Las mujeres admirables no se piensan primitivas, no se inmolan, no resucitan, conocen de ceremonias dulces que hechizan y, una vez que atrapan su presa, se vuelven adictivas.
Yo no se si soy de esas que se deslizan, que se vuelven sensuales ante un soplo pequeño de vida, convertidas en murciélagos que evitan la luz del día, que no tienen memoria y acunan el insomnio como filosofía.Ya no se si soy mansa, leal, o paso desapercibida.

Ese




Ese, que ya vino una vez por la ruta equivocada, vendrá en otro cuerpo limpio de complejos y de remembranzas amargas. No sufrirá de miedos que acechan y el único acertijo posible será el de destaparle el alma. Ese, no vendrá con palabras gastadas, inventará para mi un idioma, un puente de palabras, amnesia de ilusiones pasadas, estreno de lenguas sin despecho, ni corazas. Reto delicioso sin exigir receso en mis entrañas. Ese, sabe que no busco supuestos amores de una tarde, ni juramentos salobres, ni pactos desgastados, ni machos que suspiran por princesas perfectas, sumisas, sometidas a mandatos. Ese que, está cerca, va a venerar mi ombligo, mis uñas y hasta los vellos que tiene mi cara. En profunda reverencia encontrará los atajos y saltará las murallas. Llegará profeso de amor, presumiendo de mi, dibujando mis sonrisas en cuadernos de vértigo, con la espada de un guerrero que primero lucha por sí mismo y produce admiración en mi mirada. Ese, no vendrá dudoso de su propia calma. Me traerá bordadas la paz, la alegría y las ganas voluntarias de estar a mi lado y no sentirme yo equivocada. Busco a ése, que viene sin hambre de carne y que, al llegar a mi, no tendrá el momento de saciarse.