sábado, septiembre 06, 2008

Ofrenda




Prometo que el maíz estallará en cotufas,
que los temblores serán legítimos,
notas de flautas dulces colgadas con alfileres,
un sueño exótico que sepa a mañana,
acariciar mis recuerdos de niña,
tu boca anclada sobre mi frente,
salpicarte de rastros y huellas de mi.
Ofrendaré aromas de mandarinas,
pétalos sobre las sábanas,
prestarte mi almohada más pequeña,
humedecer tus desiertos,
respetar tus silencios,
buscar la savia en tu nombre,
que encuentres sorpresa en el mío,
hilvanar la paciencia que me falta,
olvidar los relojes en tu presencia,
tararear la canción que habla de tu luz,
estirarme sobre tu pecho cuando amanezca,
coserme a tu historia
y rellenarme de tu voz.

Soborno

Me soborna. Su labio inferior me soborna. Me vuelvo pequeña, del tamaño del espacio de sus hombros.
Me acuno allí. Lo habito y él lo sabe.
Me visto de laguna y le permito que despoje mis aguas y desnude este peligro consciente que se hace diminuto en el mínimo trayecto que hay de mi hasta él.
Ha dispuesto este lugar para mí. Construye la vigilia, donde mis versos resbalan en los costados de su espalda.
Me soborna. Lisonjea mis tacones y lo dejo que haga piruetas con sus besos de viento y me disperso más allá de una cintura para llevarlo lejos, tomando mi mano, donde la nada matizada de azules y blancos nos albergue.
En ese dominio, el mundo volverá a ser mío.
Me soborna. Y yo, me dejo sobornar.

Germina

Todo está allí, dentro de ti. Deja que germine, con la labor del tiempo, con una caricia de plumas.
Soplaré suave sobre las semillas dispuestas. Lluevo ya, llovizno.
Y esa humedad estimula, sin remedio, la aparición de los brotes.
Me tiemblas dentro, como las cuerdas de tu guitarra cuando tocas para mi.
Ya se oyen bajo la tierra las diminutas percusiones de tus plantas que saben a dulce cosecha.
Germina. Vive. Respírame.
Cierra los ojos y siente. La semilla está en ti.