domingo, mayo 25, 2008

Entre ceja y ceja

Te llevo entre ceja y ceja, en el penúltimo vello del extremo derecho.
Latente. Suspendido.
Arrugo la frente, te pienso ausente, lejano, frío.
Hace mucho asesiné tu memoria en un homenaje delicioso, acariciando lo poco que me permitiste quedarme.
Una docena de imbéciles han pretendido copiarte. Es inútil, no hay uno que se compare. Tampoco a tu elocuencia, a tus hábiles estrategias, a tu labia, a tu inconstancia.
Sin embargo estás allí, aún vigente, pese a mi, a mi progresión de métodos para olvidar, a esta ecuación sin resolver en la que todavía persisto.
Te paseas, miserable e ínfimo, sobre mis cejas, a cada paso que transito por esas calles añejas donde, furtivos, hacíamos coloquios y equilibrismos.
Me revuelco en estos corolarios y la suma da por resultado una mezcla de tus pupilas interfectas y ahora ajenas.
Si pudiera hallarte unas horas, vivirte y transitarte y luego albergar una amnesia permanente que no dejara pistas, ni cartografías evidentes, sin duda alguna me quemaría en el infierno con gusto. Con gusto… si.
Haría círculos de aire sobre tu cuerpo aunque el pecado me quemara luego la vida.
Con gusto, si.
Y luego olvidar.

Tardaste demasiado


Una larga emboscada nos tendió la vida, a pesar nuestro.

Jugamos al adulto, siendo niños y a buscar actos de magia en circos equivocados.

Dejé cosas pendientes contigo.

Por ejemplo, un viaje en submarino en un lago de azules verdosos donde los pececillos nos muestren los colores que le faltan al universo...

Quedaron en mi lengua muchas frases, jugar a fingir las despedidas para luego regresar tierna, columpiándome en el iris de tus ojos, deslizarme en ríos de sonrisas, sonidos de flautas dulces que me arrullen mientras duermo sobre tus brazos.

Tal vez sin esperarte, me manché de dolores, de mordidas de aire, de mentiras piadosas.

Ahora soy esto que hueles, una mujer que quizás se despierte con tu nombre, pese a los abismos.

Tardaste demasiado, y no me dejaste huellas que seguir ni estuve pendiente de buscarlas. Y

me miré en tus ojos después del tiempo y me reconocí en ellos como entonces, como extraña, y sin embargo, tan llena de memorias.

Posiblemente hagamos esa prueba de retar al pasado y comprobar, si, al paso de los años, no se olvida un amor, que se dejó en suspenso.

Hay tantas cosas pendientes, aunque hayas tardado demasiado…