martes, octubre 24, 2006

El Ascensor



El recorrido es relativamente corto a pesar de las constantes pausas, causadas por los desperfectos que soporta el aparato debido a los años en uso.
Disfruto de este tiempo. Pasearme por las miradas ajenas, me convierte en una especie de sacerdotisa que arma las vidas descubriendo los patrones ocultos de cada individuo. Pronostico la insatisfacción del que sufre, la cobardía del que, erguido, quiere aparentar una personalidad avasallante y así me voy divirtiendo en el divino juego adivinarlas.
Aquel de la esquina del fondo, se muerde con insistencia los labios e intuyo que nunca cambiará la dirección de su vida. Su mirada es tímida, conservadora y, reiteradamente, la va ocultando mientras se observa las manos. No es feliz. Y lo sabe.
A mis espaldas, de porte impecable, un hombre de edad madura cree escapar de mi inquisición detallada. Con un giro disimulado voy obteniendo una visión panorámica de su estampa. Se sorprende sintiéndose despojado de secretos. Su vida es vacía, sin emociones, pero con gran esfuerzo la encubre cada mañana con el disfraz de amante de todos los tiempos. Le sobre comodidad y conformismo, acaricia lo obvio y se resigna a la rutina de lo permitido.
Diagonalmente, inconmovible, una mujer de mediana edad levanta levemente su ceja derecha mientras observa el paso lumínico de los números que avisan los pisos.
Su ligereza la muestra ingenua, como si levitara entre nosotros. Baja la visión y al levantarla de nuevo, coincide con la mía. Me descubre y yo a ella.
Su gesto facial me indica que está envuelta de sueños insolentes, húmeda de rebeldía. Carga en el alma un estigma indeleble prendido con un alfiler, al tapiz de los recuerdos. Por los colores que usa percibo que vende rastros de perdón sin éxito y lucha a diario con el monstruo de una justicia maltrecha.
Por un instante me inquieta la intemperie que me absorbe. Ella lo supo al ver mi turbación. Algo insospechado comenzó a sucederme, como la confusión que siente un cazador cazado.
Jamás creí encontrarme conmigo misma en un lugar tan cerrado y repleto de gente.

De ser guerrera


Un brindis mudo, sin saber porqué se alzaron las copas. Brindé con la derecha, a sabiendas de que no puedo aspirar a repetición. Esta vez, bebí lo amargo de la soledad inminente, succioné las lágrimas bajo mis párpados y disimulé el dolor por lo que sabía que vendría.
Después de esto, mi abismo es más profundo, más doloroso, pero paradójicamente más dulce.
Los viajes póstumos ocurrirán solo en mi memoria, el recuerdo tierno de los únicos brazos que saben abarcarme completa, lo grandes que fueron sus besos diminutos y mi alma con un edulcorante que dura solo unas horas.
Últimamente se ha vuelto diabética, le hace daño el azúcar.
Tengo que seguir fingiendo que estoy bien, cuando solo sobrevivo. No quiero pensar, y en el ducto de esos pensamientos ocurren cosas extrañas. Todos quieren salir a la vez o ninguno se decide a dar el paso si los otros no le acompañan.
Bajo mi cuello está la rara sensación encadenada a mis lacrimales. Allí, en mi pecho, inevitablemente sube hacia mis ojos y los hace humedecer. Y finjo que nada pasa, no puedo darme el lujo del desahogo, no todavía. Temo a ese momento, cómo temo.
Ayer mi cabello caía en cascadas sobre su rostro, acariciando sus mejillas con las puntas y sentí estremecer hasta los bordes de sus cejas.
Un remolino de emociones impuras, ajenas, prohibidas y, sin embargo tan mías en los cortos instantes en que pude tenerle.
Creo que al final esta es la única fórmula que me está permitida, la no permanencia, lo fugaz, la despedida. Mi vida ha estado llena de ellas y pareciera que es lo reglamentario, nadie parece sorprenderse de esto. Nada me habita y yo habito en la nada.
No tengo más eternidad que la que cabe en 24 horas de vivencias.
Rememorar y pasar mi lengua sobre mis labios reviviendo momentos pasados, es de humanos. Hasta allí tengo luz verde.
Aspirar a prolongarlo, a creer en posibilidades, es de tontos y despedirme y asesinar las sensaciones es de guerreros valientes que tienen los pies en la tierra. Tomo clases%2