lunes, noviembre 12, 2007

Hambre




Envuelvo la mansedumbre colgando en la puerta los prejuicios. Esta brutal docilidad no encaja. Conviene coquetearle. En estos siete centímetros de lejanía no es prudente ofrecer resistencia. Un aroma a higos dulce se desprende de la lengua, audaz, serpentina, valiente.Hay que encontrar el pretexto para que el miedo aborte el temblor inoportuno.Una buena escaramuza podría desnudar las ganas impías. Me desmorono como un puñado de arena cuando cae, descenso en vertical, bases llenas.Un cuenco de miel donde empotro mis pies, suaviza la fiera que gruñe en mi entraña. Armisticio prudente en mi pelvis. Los talones ya no son pedestales que sustentan a una mujer sumisa. Se suicida el bochorno anunciado entre las sábanas pálidas. Ahogo las ironías a cambio de resucitarme en esta esfera llena de peces que baten mis rodillas. Huele a azafrán en el último segundo de cocción, denso, abriendo el apetito, derribando los vicios de lascivia. Erguida, como un signo de admiración en lugar equivocado, hago lento mi tránsito como lagartija que prorroga con pavor la captura. Saciar el hambre, morir de recuerdos póstumos rellenos de postres de crema.

Sucumbir.