viernes, febrero 29, 2008

La mueca


Ese Rictus recurrente se instala los viernes programando las horas vespertinas. Un caudal de carcajadas navega en el exterior, pisando los murmullos que escapan de mi memoria. Se ausenta el dolor y un color blanco va llenando mis sienes. Las emociones se han vuelto aristocráticas y altivas. O quizás es la forma de ocupar un lugar que, con persistencia, insistí en destruir.Saber quien soy me diferencia del resto de los mortales. Experimentarlo es lloverme por dentro salpicando una paz que he desconocido y que ya comienzo a adoptar como propia.Necesitaba ser nadie para encontrarme y me agrada la visita de esta extraña sin adversarios.Me extravié en ninguna parte sin pasaje de retorno. Llegó a gustarme el fango, el pelaje de las hienas, el aroma que despiden los buitres cuando avientan su plumaje en busca de carroña.Creo que fui yo quien colocó las piedras como obstáculos para no llegarme. Sin embargo, el propósito no puede incumplirse. Ya no cargo cruces de madera ni me persigno ante los santuarios externa, siempre estuvo, pero mi cuerpo fue un recipiente vacío de mitos y repleto de descabellados instantes que esperaban el momento exacto de sentirme menos humana, más sublime, sin asco de mi. Las medias tintas no han sido mi fuerte. La decisión está tomada. Esta vez no dejaré avanzar los ocres. He vuelto a mí. Ya no hay muecas.

In


Detesto las consecuencias de la gente “In”. Insólito,
Insospechado,
Incoherente,
Inadvertido,
Inesperado,
Ininteligible,
Inopinado,
Indescifrable,
Inasequible,
Incomprensible,
Intransitable,
Inalcanzable,
Intocable,
Indeciso,
Intangible,
Indiscutible,
Irrefutable,
Indudable,
Incuestionable,
Inconvertible,
Innegable,
Inasible,
Insondable,
Inabordable,
Inconexo,
Insoluble,
Inexplicable,
Inalcanzable.
El fue todo eso.
Y ciento cincuenta y cinco mil “In” más.

Cornisa

Hay un punto muerto en el filo de la cornisa. Equidistante de mí. Mojado. Nublado. Apenas visible. Al bajar la vista, las figuras se desdibujan y no parecen humanas. Y yo, aguerrida, astuta, no avanzo. Para sentir el portazo tras de mi cuerpo, solo requiero cerrar los párpados. Señal inequívoca de aceptación de los hechos. El vacío se inclina perpendicular. Aún está tibia mi comisura. El se fue lamiendo su descaro agrio, denso, como malteadas de tardes de vacaciones. Su niño se detuvo en ese punto muerto de la cornisa. Y yo, siempre de afán, conseguí un adulto que se negó a crecer y se transformó en cicatriz.

Que no vuelva


Ese gozo perverso de compartirle, llena de insectos mi entorno.

Derribo muros, mis pisadas se disfrazan, la paciencia se pudre

y la magia no fue más que un buen programa de medianoche.

Ya no espero retornos inútiles,

donde la verborrea se derrame por gusto para obtener bajas pasiones.

No vuelvas.

No quedan sino abismos profundos donde se suicidan entelequias.

Evanescencia


Desapareció. Aún antes de haberse ido, amaestrando su ausencia diaria, mientras sentía escalofríos por traicionar mi boca. Abandonó mi aliento de forma recurrente, adoptando las poses precisas del que huye siendo culpable, del suicida que no es sobrio ni elegante, repitiendo un discurso de mentiras mal construidas. Desapareció con un vacío rancio anunciado en cada crepúsculo, en cada disfraz del amante que prefiere pellizcar el aire antes que asumir sus sensaciones.Sin embargo, en cada filo de mis noches muertas, su recuerdo se hizo eterno llevándose mi nombre.
Ahora recuerdo que jamás lo pronunció.

Mírame bien


Mírame bien, por última vez
No sabes más que de palabras repetidas que pretenden sonar a verdad.Bien. No de reojo, más bien obsérvame de frente. Será la única oportunidad que tengas de rogarme que dispare las balas que proyectan mis pupilas. Luego de eso, quédate con hambre de mi, jadeando el vacío de mi verbo, ignorando el despertar de una fiera herida que despertó escuchando la voz de tu desprecio mientras yo, me gastaba en vocablos inútiles. Te hiciste demasiado costoso.Ahora cerraré mis ojos y aguardaré que regreses en oferta.

Nunca se lo dije


Nunca se lo dije, pero su acceso repentino mordió las aristas, revolcó el aire y el oxígeno, apaciguó mi fiera, destronó reyes invisibles, me dividió la lengua como un equilibrista que rebana los instantes retando a la muerte. Nunca pude decirlo, pero esta mitad que flota como un espíritu sin casa, quedó errante en el instante en que quiso compartirse. Una pulsión, dos a lo sumo, un leve chasquido en el silencio. No pude pronunciar palabra alguna. Y él, a pesar de una promesa tibia y pequeña, así de fácil, huyó.

Paralelos


Pasaste de mí en pocas horas. Yo que creí que aplaudías dentro de mis pupilas, bajé los brazos indefensa frente a la estela muda que tus pasos dejaron. Fue mínimo el tiempo, como lágrima de petirrojo en descenso avasallante, intensa, pero veloz. Este amor fue un pequeño frasco de vértigo que abrí sin intención. De esos que se beben sin pensar en el veneno que traen. Apenas tuve tiempo de expresar pocas palabras, un suspiro que extrañaba esos brazos, un acorde compartido, un guiño flotando sobre la espuma de un café. Esas manos me estrujaron los pensamientos, dejando arrugas indivisas. Luego de esto, abandonó la huella digital que me es ajena y que no quiero repetir. Vuelve a tu mundo de aromas de lluvia y tierra. Yo sueño. Los paralelos nunca pueden encontrarse.

Nudos





Pierdo el miedo.
Te acercas y soy otra distinta,
fiera bravía,
peligrosa presencia
Que desencadena tu instinto
oculto, inconcebible.
Separa los labios,
allí estoy yo esperando
que te expongas
A la embestida
que patrocina mi boca.
Suelta el nudo
que tiene tu pecho
y deja que sea yo quien me amarre a tu cuerpo,
ahora,
por siempre.
Que me vuelva felpa suave,
soplo leve,
blando plumaje que recorre tu espalda.
Esculpe las palabras que descienden de tus ojos,
Aquí, en mis hombros,
déjame cargar con eso
ahora, por siempre
Y vuélvete hallazgo de mis dedos,
invención de ese vigor
puesto en tela de juicio.
Permite que convierta el momento
en mi rito predilecto,
ahora, por siempre
que me vuelva piel y carne y apetito,
derroche de mi desnudez,
arte con el que envuelvo
tus miedos, tus maneras,
posando mis manos,
en el sitio donde enloquece tu hombría,
y déjame quedarme allí,
como un lazo
que no ha de desprenderse
de tu alma
ahora, por siempre.