martes, diciembre 07, 2010

DEBE EXISTIR UN VERSO



debe existir un verso
que me contenga íntegra
risueña
que me describa prolija
sobre celofanes
y moños coloridos
que abrigan obsequios
brota una letra pequeña
es día de gracia
pero conviene interrumpir
un solo instante
el semblante otoñal de mis laureles
silenciar esta mañana
aún cruda
donde la epifanía se aproxima
y me regresa
inextinguible como entonces
al sillón de la inocencia

martes, octubre 05, 2010

BIENAVENTURANZA



para recibir los signos del dolor
mostré los dientes
jadeante
en una falsa señal bizarra
vi mi ataúd entre nieblas
legítimo
y el reporte que exilia el símbolo de un poema
ardía envejeciendo las alianzas
estaban los guantes impacientes
sin manos adentro
y el pliegue asimétrico
de mi espíritu de fiera
haciendo maniobras
asumió la lección que dejan los obstáculos
fui un apóstrofe hueco
soportando mi peso
abreviada
interpelando las noches esdrújulas
de mi boca ascienden peticiones macizas
clamores por abandono
terror a la propia clausura
ahora lo se
si me dejo caer
conseguiré la gloria

martes, septiembre 21, 2010

Gracias, Jason por la hermosa reseña.






20/09/2010

Dos poetas, dos ganadoras

Mis felicitaciones a la poeta y amiga Acuarela Martínez por su primero poemario publicado. Por aquellos tiempos de espera infame con que los aeropuertos suelen torturar a sus usuarios, lo leí tres veces y con mucho gusto. Allí está la paciencia y la entrega; el fino gusto por la imagen y lo alegórico; y, claro está, el trabajo, el empeño por sacarle punta a una idea para perfilarla como poesía. Sé de la entrega de la poeta por ver en unos cuantos gramos de papel su primer hijo poético. Justo esto es lo que lo hace más que plausible en un país en donde la cultura –y más si de poesía se trata– parece estar relegada a un segundo plato. Acuarela es “tóxica” y “un bolero antiguo”. De Incluso cuando nada digo y sin la autorización de la poeta, extraigo unos de los tantos versos que fueron de mi completo agrado:
ahora cuelgo hebras de un jamás
que alimenta mis polillas
***
¿qué será de mí si ya no vibro
con el dañino sustento con que me habitas?
***
como una delgada hojilla
deja que me surquen las desdichas
***
hoy no voy a resignarme
ven a rezarme este culto impaciente por tenerte



Las felicitaciones van por partida doble porque Linsabel Noguera, también poeta, amiga y mi compañera de Librería Sónica, publicó su Poética doméstica. Tuve el privilegio de leer su trabajo en manuscrito mucho antes de su publicación. Los versos allí contenidos son el fino retrato de su “yo” como persona, mujer y madre. La delicadeza de lo que dice y cómo lo dice, es su norte; no obstante, de lo excelso con lo cual convoca sus imágenes y metáforas, puede pasar a la sencillez de la palabra, bien con rebeldía, bien con preciso desparpajo, diciendo esta soy yo tanto en la tierra como en el cielo. Su “domesticidad” no es más que un espejo mostrando lo angosto y lo ancho que puede ser su palabra. Como bien dijera la poeta venezolana Mharía Vázquez Benarroch “sus poemas son como la seda china, entibian el corazón y envuelven las pasiones”. Idem y sin permiso, algunos versos de Poética doméstica:
en medio de la helada
me cobijo en las sombras
y bebo un verso tibio de mis venas
***
mi lengua te dibuja sin decoro
y entonces
te guardo en mí
***
cuando el sueño
vence al anhelo de un abrazo
entiendo que
las almohadas son terribles sustitutas de la piel

Después de comentarles que ambas poetas fueron merecedoras del Premio Monte Ávila Editores 2009 para autores inéditos (mención poesía), no puedo dejar de manifestar mi rechazo absoluto a la terrible portada que seleccionaron para el libro de Linsabel –no así para el de Acuarela– el cual no le hace honor ni a su trabajo poético, ni a la imagen de la mujer bajo ningún concepto. No soy diseñador pero cualquiera con el menor gusto y sentido común, hubiera seleccionado una imagen distinta a una mujer decapitada, de espaldas y que pareciera insinuar con los dedos algún intento de símbolo fálico. Increíble que una editorial con el tiempo y la trayectoria de Monte Ávila Editores pase por alto –y apruebe– portadas como estas. Lo más indignante es que a la poeta nunca le consultaron sobre la portada de su primer poemario según me dijera. Nefasto, pero ya vendrán mejores portadas.
Publicado por J. L. Maldonado en 17:26

martes, agosto 24, 2010

OFRENDA




es hora de emprender el viaje
doblar las piernas sobre los prejuicios
y llegarle en mi cuerpo

sobre este aposento
que florece en mis brazos
lo recibo

un pliegue oculta el occidente
bajo su espalda
y en mis codos
se revuelca el silencio

¿cuánta miel puede recorrerle las arterias
si le hablo desde este pasadizo de gerundios?
demasiada

este pecho se exilia
en la cruda ceremonia de las lenguas
peces movedizos
entre la delgada neblina
que separa su abrazo demente
de la red que lo envuelve en mis hombros

sin permiso
asumo el riesgo
muslo contra muslo
se anudan en una tempestad silente
hasta poblarme la sombra
detenida en el naufragio de sus manos

sumiso se reconcilia
mi pulso en mis sienes
me fugo en su vientre
y me ofrezco

viernes, julio 30, 2010

ALTAR AL DESCALABRO



no hay quien santifique este silbido impío
que se niega a abandonarnos

este imperio de la culpa
pincela los paisajes
con aguarrás de miserias

desde aquí puedo colgarme
de la brasa de un mediodía
donde la marcha diaria del odio
nace de una parodia

la gente huye
se despide reiteradamente
sin ningún hallazgo
postergan la caridad
en este altar al descalabro

INDOLENCIA



de las grietas manan
las horas de la tímida poblada
que baja con premura resignada
de las cumbres

cuánta arrogancia en este vaivén colectivo
cuánta indolencia en cada hueso
que tropieza estos tubos de aluminio

como el agua
cuando refresca pensamientos
serpenteando a golpes los techos de metal

CIUDAD INJUSTA




nunca me asomé a mi patria
dolía su silencio sumiso

el clamor es el aire del que se ahoga
en la prisión del infortunio

por ello me desvela este capricho
de regeneración
tentar el azar
en la exacta alegoría
de salvarnos de la ignorancia
bajo el cielo grisáceo
que hace estallar la dignidad
sobre el fango fresco que sirve a la justicia

METRÓPOLI SIN DIGNIDAD




faena mísera
cuánto has dejado de darme
por falta de horas

una hipoteca de tiempo
me ha visto crecer cada día
en esta isla rodeada de caos

habrá que emprender un viaje
para armar estas piezas sueltas
huesos perdidos
cifras de un noticiero de comienzos de semana
madres que se quiebran sobre el dolor
que no consuela lo irrecuperable

manoseo el papel en blanco
me cuesta escribir “dignidad”

la única condena que puede culminar
es la que llevo dentro

jueves, julio 29, 2010

FRUICIÓN













me gustan sus pies
definitivamente
tienen un perímetro
que encaja en la medida de los míos
temperatura que tibia
el borde de una sábana
que nunca ajusta perfectamente en la cama


el izquierdo
meloso
descifra los secretos
de años tempranos


el derecho
en cambio
se dobla
dramático
en su propio costado
como una bailarina agachada
en el último compás de su danza
parece rezar una oración lúdica
estrenándome
inédita y erótica
cada noche posterior


mi empeine despoblado de orgullo
se enrosca en su talón
trepa su tobillo
haciendo gala de lujuria


y el suyo
devoto de mí
complementa pasos expertos
bajo la más absoluta inocencia


retozo con ellos
un millón de verbos reflexivos acuden
pero callo
callo sobre la promesa del cántico
abrigando la locura de un roce
de un enigma
que me contiene

martes, julio 20, 2010

Siembra de vocación




Convertirse en escriba, escritor u otro oficio afín a la escritura siempre tiene un origen digno de recordarse.
Con frecuencia, las personas nos preguntan ¿Desde cuándo escribes? Y muchas veces nos cuesta encontrar la época exacta cuando comenzamos a enseriarnos en este arte.
Si bien no escribo poesía desde temprana edad, pudiera afirmar hoy día que mis inicios tuvieron como inspiración mi fascinación por la correspondencia.

Mi abuela tenía una ortografía perfecta a pesar de su escaso nivel académico. Exigía la misma perfección mientras me pedía que escribiera las cartas que debía haber escrito ella en respuesta a las de familiares.
Me sentaba en la mesa del comedor, a escasa distancia de la cocina, donde ella construía platos deliciosos que servía con orgullo y que insistía en hacernos diferir, aún cuando ya estuviésemos sobre-satisfechos.
Desde la estufa, ejerciendo su labor, me iba describiendo a los personajes destinatarios de las misivas, su jerarquía familiar, su nivel de estudios, el número de personas que conformaban su grupo y a qué se dedicaba cada uno de ellos. Todas estas historias, vale destacar, aderezadas siempre con comentarios jocosos y anécdotas de su juventud.
Carlota tenía la particularidad de comenzar una historia y enlazarla con otra fácilmente, llegado el momento de retomar el cuento, muchas veces olvidaba el comienzo y se echaba a reír.
Yo, ávida de mostrarle mis avances en la escritura, absorbía toda la información como herramienta enhebrar mis frases.
Carlota daba vuelta a las cucharas dentro de los calderos y, a la vez, me iba recordando en voz alta, las reglas gramaticales, no fuera que, por error, enviara a las tías de la familia algo que indicara mi falta de puntuación.
No era así cuando, de vuelta y en respuesta a mis cartas (las que firmaba Carlota, mas escribía yo), recibía un sin fin de faltas que ocasionaban mi asombro. Esto, lejos de ser perjudicial, benefició mi cultura convirtiéndome en una experta en distinguirlos aún en el párrafo más extenso y complicado.

Así comencé a escribir con bastante frecuencia las cartas que mi abuela debía responder a nuestros familiares.
Poco a poco, fui habituándome a manejar los formatos, los encabezados, márgenes a respetar y todas las reglas de la correspondencia.
En una oportunidad, Carlota logró contactar a una amiga de su infancia, que para entonces ya contaba con unos setenta y tantos años aproximadamente y entonces, le pedí que me dejara firmar aquella carta con mi propia identidad, manifestándole a la dulce anciana, de nombre Ramona, mi nexo con su amiga, mi abuela.
Ramona expresó mucha alegría al enterarse de aquello y a partir de allí, comenzó entre nosotras una fluida correspondencia semanal que me llenaba de orgullo, ya que entonces, yo era la firmante y no mi abuela.
Contaba yo con unos diez años y mi amistad con Ramona duró casi hasta mis 20. Llegamos a intercambiar fotografías, marcadores de libros y el día que me casé, recibí vía correo tradicional una hermosa caja de regalo que contenía dos desavillés como colaboración a mi ajuar matrimonial.

Un tiempo después, Ramona dejó de escribirme y más adelante recibí la noticia de su partida. Aún sin conocerla personalmente, a pesar de habernos amenazado en incontables oportunidades de planear un viaje de encuentro, dejó en mi memoria trazos dulces que no he podido olvidar.
Ramona fue un motivo para iniciarme en la siembra de las letras. Y Carlota me proporcionó las semillas.

sábado, junio 26, 2010

AÑOS MUERTOS



Produce furia el tiempo desperdiciado. Cuántas horas estériles se llenaron nimias de chatarra visual. Quise que sólo pasara el tiempo, sin más, sin pretensión alguna, sin llegar a ninguna parte. Ahora no hay ocasión para ingerir el alimento que no se consumió.
Aquellas horas muertas gestaron vicios, dispararon ritos sin espacio, sin piso.
Un día, cuando ya no esté, vendrá alguien rastreando con su morbo el oficio de mi tiempo de difunta y dará una interpretación mediocre a mis trazos.
Si supieran cómo salpica de sangre inútil mi epitafio de vida, hojas en blanco, riego de ríos infecundos y errores, miles de errores necesarios. Sólo entonces puede hablarse de vida después de la vida.
Los poetas se vuelven inmortales cuando traspasan el umbral de la muerte. En los tiradores de los féretros se deja la huella de la ignorancia, historias de culpa, probablemente rastros del éxito.
Brasa lenta es esto de ser un escriba, un pichón de escritor al que nadie le comprende el hecho de escribir memorias y versos borroneados, aunque uno se crea inmenso, lápiz en mano.
Hay tanto por decir en tan poco tiempo, tanto egoísmo de qué desprenderse, tanta basura terrenal inútil que mancha las auras de la gente “buena”.
Cuesta confesarlo. Ser diferente puede doler como un martirio voluntario al que encontramos el solaz necesario, la savia trascendente, la vida.

HORAS DE COLUMPIO



Las mañanas de un niño en vacaciones están llenas de triunfos. Los desayunos templados, cándidos, nada frugales, casi siempre esmaltan los paladares de tildes dulzonas y el tiempo se estira tanto como las ligas con que se enlazan las carpetas.
Los libros del año se arrinconan en el último peldaño del estante con el consabido juramento de no volver a mirarlos en esos días de juego.
Un sorbo de cola por hora como alimento de reglamento, cien mordidas a una goma de mascar son las únicas circunstancias de almíbar que el recuerdo de un columpio puede sustentar.
El tiempo se balancea en el vaivén sucesivo que traen los años. Un día parecerá demasiado lejana la memoria que quedó en el momento justo en que el asiento asciende.
Y entonces desearíamos volver, detonar los paréntesis, tomar de nuevo el riesgo de tantas horas muertas, carentes del retozo.

lunes, abril 12, 2010

COTUFAS EN LA CAMA







“soy una flecha de estrellas
rasgando la noche”
Bettsimar Díaz






huele a duraznos
la nube de la miseria
se va espantando en sus labios

su voz
resucita mi espacio como un aleluya
si me reflejo
en sus faros color tamarindo

mañana reinventaremos este sitio
en la hora de eternizar
la luz bendita que expulsa
la inútil crucifixión de los hogares

mi palabra
se deshiela dócil
y él
antorcha en mano
se instala sobre la ternura
haciendo estallar cotufas en la cama

repite este cuerpo cada día
rézame

yo sólo estaré una vez
para siempre.

miércoles, marzo 24, 2010

LA HERIDA DEL CUSTODIO


tú lesión sangra
ímpetu de lava del verde
arde el cimiento
como arde el fin de los amores
como cimbra el centro del leño frente a la hoguera
fundiendo los arbustos
futuras piezas del madero
interrumpidas

brota la savia roja en tu abertura
la herida del custodio purifica mi ciudad
en la niebla densa que a la vez enferma

ciudad lívida
rostro marchito donde se posa
el flagelo de la apatía
entre tus surcos de fuego
se quiebran los sueños del auriga
y esta tierra de lluvia
acepta con impotencia
el llanto de tu suelo

mi ciudad se perfuma
con el humo de los poemas tristes
entre el grito del agua furiosa
que no aplaca la ira de su brasa

el cielo no ha llorado lo suficiente
para agotar el desasosiego
la caricia estéril
el crepitar minusválido
de la capital del desamparo
la urbe de la indiferencia