sábado, octubre 15, 2005

Perdona que no me despida




Dispénsame este pequeño acto de desalojo, pero no podría arreglar mi equipaje sin recordar que sola me quedé demasiadas veces esperando que llegaras.
Excúsame si ya no soy capaz de creer que te vería cruzar el umbral cargado de sonrisas, como entonces, como cuando los encuentros se vestían de fiesta y hacíamos un mundo en una tarde llena de escapes y sensaciones ocultas.
Pienso que tengo el derecho a que me justifiques, dadas las circunstancias del silencio, siguiendo tu misma técnica evasiva.
Me hubiera gustado un adiós repleto de esperanzas, pero ya sabes que no me es dada la tragedia y los sucesos novelescos.
Por eso, haz un gesto de disimulo, sin voltear a ver que lloro hacia dentro, que se ausentan de mi boca las palabras cuando me alejo, que siento mil pájaros que se alborotan buscando alpiste, dentro una jaula, perdona, por favor, perdona…
Ya no puedo quedarme por más tiempo llenándome de tus coartadas sin sentido, observando, sentada, como me apartas de tus horas, atiborrándome de expectativas que jamás se presentan, masticando soledad.
Así pues que de nuevo me dispensas si apuro mi paso y cruzo de tu acera a otra menos complicada, con la firme decisión de dejar de ser cautiva de una prisión que no me corresponde.
Te pido que no me no vuelvas a buscarme en tus ratos aburridos, no soy una mujer de mientras tantos y si descuidaste ese pequeño detalle, te advierto que ya es un poco tarde para remendarlo.
Perdona que no me despida, ha sido suficiente sentir tu apatía dibujando mis madrugadas llenas de interrogantes…
Tal vez algún día te recuerde sin dolor y hasta llegue a desear un reencuentro, pero por ahora, vuelvo a disculparme y, sin voltear a verte, perdona que no me despida.

A fuego lento




¿Cuándo dejará de ser
un relicario que cae
calle abajo
en el preciso momento
del descuido?
He sido sierva de esta piel
que ronronea suave,
palabra y diálogo,
recipiente de tus dosis.
Dime, impúdica,
deliciosa seducción que me dominas…
dime porqué persistes
en la fragilidad del instinto?
Hierve de nuevo,
el fuego lento no cocina
los atributos perdidos.

sábado, septiembre 03, 2005

Esas manías tuyas...


Me gustan esas mañas que tienes de turbarme delante de la gente. Tus miradas, como fauces abiertas, ávidas de contacto, la pericia con la que evades las mías cuando trato de corresponderlas. Es parte de tu destreza para cautivarme. Y lo logras.Con especial maestría rozas al descuido uno de mis brazos, por debajo, aparentando una inocencia que desconoces cuando estoy cerca. Lo haces siempre procurando la presencia de terceros, retando a que mi calma se quebrante, procurando mi sonrojo. Así vas tentando lo sensual que hay en mi, destapas mis caprichos y me dejas delante de todos, al descubierto.Humedezco mis labios, resecos quizás por un pudor que quiero construir a pesar de ti, del antojo que significas y eso te enloquece más.Comienza una batalla interminable de estímulos, buscando tardías respuestas, alargando una y otra vez el final de los cuentos que día a día nos relatamos en vivo, colgando fantasías de las almohadas, midiendo lo sensorial, inventando tentaciones.Eso haces conmigo, técnica y soborno, fricción extravagante de mis sentidos que nunca es manoseo sino caricia.Esas manías tuyas… cómo me agrada alimentarlas con las mías!

lunes, julio 25, 2005

Por eso escribo...



Definitivamente escribo por fragilidad, por sensibilidad, por una extraña adicción a la melancolía. Escribo porque, de esta forma hago desvanecer los fantasmas que me habitan, los saco de paseo, los aireo, luego, cuando están cansados, los imprimo en papel y ya no me asustan.
Escribo porque siento, porque, aunque me enfurezca aceptarlo, me enamoro, porque amo y odio, porque quiero y detesto y eso es humano... por eso escribo.
Escribiendo, doy forma a la sensación, la decoro con letras, creo las frases que luego darán los brotes de mi cosecha y de esta forma, yo mismo me ilumino cuando enciendo mis caminos.
Escribo porque me embarazo de sentimientos y más adelante doy a luz lo que luego he de acariciar ante mis ojos, mis obras.
Escribo mi tristeza, mis fracasos, disfrazándolos en historias ajenas.
Escribo mi éxito y mi ventura, dándole el matiz del amor que solo yo puedo sentir en un instante.
Escribo porque dreno, me libero y vuelo en el sencillo arte de escribir. Transformo las frustraciones cuando las plasmo, proyecto el abono de mi destino cuando las pienso.
Escribo porque soy fiel a lo que siento mi interior, porque creo en la vida, porque me adhiero al latido, porque soy sangre y corazón y en ellos me diluyo.
Escribo porque tengo muy dentro un rebelde huracán que necesita liberarse, porque soy inquieta y distraída, y en esa distracción me elevo a otros mundos que nadie puede entender.
Escribo porque quiero ser vulnerable, sin fortaleza, para que al sentirme indefensa, fluyan las fuerzas que me han de dejar expresarme.
Escribo porque, aunque me asiento en la realidad, me enloquece la fantasía, porque necesito el reposo que me otorga en sentarme en un teclado y dejarme llevar, porque soy humana y necesito un abrazo, por eso escribo...
Escribo porque no creo en la justicia del mundo, porque me resisto a la sociedad condenante, porque no encajo en lo normal, por eso escribo.
Escribo, porque solo vivo un día al tiempo, porque puedo ser cómplice sin involucrarme, porque aún, a pesar de lo vivido, albergo la esperanza.
Escribo porque tengo miedo de que se dañe mi siembra, porque como todos, quiero frutos más fuertes que el árbol, porque me falla la voluntad y en esa lucha me encuentro.
Escribo porque sé del dolor y la traición, porque aún así, cosecho la ilusión, porque creo en la piel y en el instinto, por eso escribo...
Escribo porque la felicidad no existe, el anhelo por encontrarla muchas veces nos hace ir tras un espejismo sin disfrutar del momento que nos ofrece la vida.
Escribo sin futuro, porque cuando ya no esté, será ese el futuro que hoy, en el presente se me abre con el único fin de vivirlo intensamente, por eso escribo...
Escribo por esa ausencia de aquello que me falta, porque al hacerlo, estoy pintando con tímidas frases lo que anhelo, lo que siento.
Por eso, escribo.