martes, diciembre 11, 2007

El idiota


Todos tropezamos con uno alguna vez.Son como tontos, subestiman a las damas de verdad, nunca tuvieron una. Manejan el encuentro y la distancia de la misma forma, practican el olvido, minimizan valores, se rompen en cada huida y se reconstruyen, exhibiendo su figura de macho, cuando les llama la carne.Generalmente están carentes de madre, de caricias, de protección. Desconocen el compromiso, juegan con el tiempo ajeno, deliran por mujeres completas, pero no saben respetar los pactos.Todos debemos tener un idiota en el haber de la vida. Hace falta como experiencia, al menos una vez. De esta manera aprendemos a reconocerlos a lo lejos y evitarlos.Una vez aprendido el concepto, es preciso desecharlos, apartarlos. No son útiles, no merecen compañías interesantes, el esfuerzo en ellos, se malgasta.Mejor es dejarlos ir por la vida en busca de sus iguales, pequeños fracasos diarios, huellas superfluas que imprimen como tatuajes en piel.No colecciono idiotas, me producen alergia los seres ignorantes a voluntad, en su eterna búsqueda de la carne fresca.Ya lo dije muchas veces. La piel no olvida y no la desperdicio en pequeñeces.

viernes, noviembre 30, 2007

Límpiame















ahora límpiame

de alucinaciones



extrae la cáscara

que resguarda las horas

desmaleza la fatiga de no saberte

insolente

sobre la desnudez de mi culpa



esta tierra prometida

se hizo trizas

sin ese oleaje que ya era hábito


límpiame

me asquea perdurar sin esa orilla

donde arde la mancha clausurada


me sospecho golpeando tu arrecife

curtida

en una medianía que no crece

y me convierto en leve temblor

que gime tu nombre

dentro de esta bóveda

que ahora es mi cuerpo


límpiame

antes de fosilizarme

embarrada en almizcle

olorosa a sacrificio

a pavimento


escribí setecientos versos inútiles

en cinco etapas

y sigo sucia


ven

límpiame.

SUCIA






















deséame obscena

usable y censurada




como diosa sin verbo pomposo

dibuja la pisada ceniza

de mi camino de sombras






ya sabes

es lo que cobija mi sexo

bajo sábanas manchadas

cuando el amor merece

lápidas de plata






llego cabizbaja

vestida en el desparpajo

de una danza inmunda

que se hermosea en tu presencia






en mi ingle

reposa tu ventura

veneno elegido

que complace

la herencia merecida



ven a padecerme

esta pócima

no tiene desperdicio

lunes, noviembre 12, 2007

Hambre




Envuelvo la mansedumbre colgando en la puerta los prejuicios. Esta brutal docilidad no encaja. Conviene coquetearle. En estos siete centímetros de lejanía no es prudente ofrecer resistencia. Un aroma a higos dulce se desprende de la lengua, audaz, serpentina, valiente.Hay que encontrar el pretexto para que el miedo aborte el temblor inoportuno.Una buena escaramuza podría desnudar las ganas impías. Me desmorono como un puñado de arena cuando cae, descenso en vertical, bases llenas.Un cuenco de miel donde empotro mis pies, suaviza la fiera que gruñe en mi entraña. Armisticio prudente en mi pelvis. Los talones ya no son pedestales que sustentan a una mujer sumisa. Se suicida el bochorno anunciado entre las sábanas pálidas. Ahogo las ironías a cambio de resucitarme en esta esfera llena de peces que baten mis rodillas. Huele a azafrán en el último segundo de cocción, denso, abriendo el apetito, derribando los vicios de lascivia. Erguida, como un signo de admiración en lugar equivocado, hago lento mi tránsito como lagartija que prorroga con pavor la captura. Saciar el hambre, morir de recuerdos póstumos rellenos de postres de crema.

Sucumbir.

sábado, julio 28, 2007

Faena Taurina



Dando inicio a la corrida, la cuadrilla zapateó el ruedo como preámbulo del cortejo que pronto traería a la muerte.Trajes de luces, flecos, madroños coloridos y un millar de cascabeles, servirían de fondo al escenario.Dispuesto a preparar el altar del sacrificio, un arenero aplanó la tierra, lo siguen los mulilleros y los chulos de banderillas. Se abre el paseíllo y un singular alguacil obtiene del presidente la llave de la puerta de los toriles. El permiso está concedido.El torero avanza, capote al vuelo, lo sigue el banderillero y el insustituible picador. Rezagados, a la espera del momento final, aguardan los mozos y las mulas de arrastre para llevarse al cadáver llegado el momento, símbolo del triunfo.El toro, en lucha permanente, inicia los pases, se queja, ataca, retrocede, patea en lo que él considera una lucha justa. No advierte la traición de los picadores, el filo de las banderillas.La sangre gotea, la arena absorbe sin dejar rastros. El toro embiste con la furia que produce el dolor, un pase de muleta, a lo sumo dos, y, en escasos minutos, el estoque le atravesará el corazón.Se acierta la estocada. Una ovación acontece, euforia colectiva que solicita, adicionalmente, un poco más de sangre, las orejas, el rabo, premio codiciado cuyo permiso autoriza el Presidente de la Corrida. En el último tercio concluye el pasatiempo y un asesino es llevado en hombros por la multitud, proclamándole un héroe. Me convertí en la protagonista de la grotesca función, papel que me impusieron. Yo fui el toro que, en tres actos, trató de salvarse de la estocada. Tres pases de banderillas aceleraron la agonía.Sufrir es una elección que no tiene el toro. Padecer es una designación que no voy a tomar.Y es que yo no soy un toro.

martes, marzo 20, 2007

El fantasma



Hoy ha vuelto el fantasma a visitarme. Se mostró sonriente en la foto, sin embargo sé que hay una mueca de burla entre sus dientes. Por escasos minutos le lancé una mirada profunda y sentí que me hablaba. Señaló el escenario donde se encontraba en ese entonces y me echó en cara la miserable libertad que me gané con su partida.

Después de todo, tiene razón en el reproche.

¿Qué soy después de tanta lucha sino una antorcha apagada y dejada en el olvido por si falla la luz eléctrica?

¿Qué me cubre como no sean unas hojas de alcachofas secas que yo mismo conseguí hurgando en basureros ajenos?

¿Qué tengo sino mi profunda melancolía como acompañante cada noche de mi vida?¿No cargo, acaso, con un puñado de cicatrices que no sanan?

¿Por esto cambié mi vida de sorda?

¿No era preferible la tibieza de la vida, sin ardor, sin memoria a vivir esquivando la indiferencia que me he ganado?Me restregó su mirada hostil, detenida y escupió sobre mis poemas y soltó una carcajada.

Tu libertad para ser sombra –me dijo y volvió a reír.

Descubrí que estoy llena de miserias crudas, aún en una olla de hierro abandonadas, que mi lucha no es más que el sofoco diario por mantener la nariz fuera del agua, pero no salgo y que mis días son infinitamente solitarios esperando cariño.

El tuvo razón. La libertad no existe, la comodidad debe sobreponerse a la aventura y cercenar las alas. El vuelo es peligroso, lleva riesgos que no todos podemos asumir.Ahora soy yo quien quiere estar voluntariamente sola y no volver a hablar de libertad.

Después de todo, solo he hecho una involución involuntaria para terminar siendo un manojo de silencios de segunda que nadie quiere escuchar. Coloqué la foto boca abajo y ya no volví a escucharlo.

martes, marzo 13, 2007

Al llegar al vértice


Al llegar al vértice, existen ciertas condiciones ideales para mantenerse. Algunas mujeres somos cosas de cristales sutiles, Se esperan muchas cosas de nosotras, perfección en el hogar, excelencia en la crianza, una paciencia infinita, un interminable perdón. Mis silencios gritan a campo abierto sobre las injusticias. Enero se me hace angosto para meditar y ha aparecido una extraña sensación de vaguedad en mis decisiones. A estas horas, la gente recupera sus vidas de nuevo, las cose al sesgo de la conveniencia, olvida lo no imprescindible, se vuelven títeres de la sociedad. Yo solo mastico mi insomnio lentamente pensando en horas perdidas. He lamido mis cicatrices lo suficiente y ya no tengo razones para volver atras. Finalizó la paranoia ajena, la que no me concierne y las caras lavadas por fin se ven claramente, sin antifaces.


Cuando se es de una forma no se pueden ocultar las intenciones por mucho tiempo. Soplé aquello que estaba turbio y lo que encontré era la misma realidad que nunca quise afrontar con dignidad. Termino siendo una mezcla de niña y diablillo. Me quedo con el diablo si eso ha de hacerme menos ingenua y más luminosa. No manejo los grises, me sostengo en los ángulos agudos y me aferro con firmeza a los colores determinantes. He sido una antítesis perenne y tarde me dí cuenta del esfuerzo perdido al procurar traspasar puertas que me cerraban constantemente. La vida es una paradoja, tratamos de ser constantes en las decisiones y no advertimos que el desprecio es una forma de espantarnos cuando estorbamos. Al llegar al vértice, al límite, al borde, puedo decir con responsabilidad y conocimiento, que no he sido nadie, no tuve rincones propios en el camino y no tengo donde esconderme puesto que nunca tuve cosa alguna que ocultar. Hoy me renuncio, estoy segura que el amor no existe, es solo un estado pasajero al que le damos nombre, me resigno a dejar descansar mis tobillos, los dedos de los pies que me sostienen, me renuncio sabiendo que el mutismo debe ser mi mejor estado, ya que hablé demasiado, pedí demasiado, exigí demasiado, por lo tanto, lo mejor es callar. La indiferencia estrujó mis poemas y los echó al cesto sin miramientos y los aviones no esperan por nadie, aunque haya tormentas fuertes o amantes que no quieren despedirse. He llegado al vértice y mi vida tomó colores ocres y selló la historia que nunca fue verdadera de la que debo despertar.


La niña de los ojos tristes

La de los sueños bordados en encaje,
la que no puede ocultar la humedad
que hay en ellos,
la que describen como melancolía.
Ella es un jamás sin regreso,
una negación, un imposible,
una estampa de soledad transitoria, sin raíces.
Es una llovizna sin nubes,
un silencio que grita,
un cabello que destila congoja
sin que una mano le acaricie.
La niña de los ojos tristes,
decidió un día no maquillarlos más de ternura,
no mostrar lo que dicen,
no pedir compañía.
Los ojos tristes pertenecen a esas sombras
que habitan en sus lacrimales,
las que un día parecieron esconderse
ante el reflejo de una luz
que resultó artificial y que quemó sus fusibles
cambiándolos por represión.

Comodín

No advertí que el tiempo pasaba
porque estaba fuera del mundo.
Las luciérnagas ladraban
y yo me ocupaba en creer en el pasto que crecía.
¿Quién dijo que había que creer?
-Me dijo un díael mundo paralelo.
Y a ése, no le creí.
Sólo escasas 24 horas y el minuto en que vivo,
ese ha de ser mi tiempo,
el tiempo de un comodín. Lo demás…es adorno
y los adornos sobran.

Acuarela… como un comodín.

martes, febrero 20, 2007

Mazapán

Aún en las tardes navideñas puedo percibir el olor a mazapán si me concentro y me envuelvo en ese celofán eterno que significa ser niño, volar al pasado, rememorar los días en que la Navidad ejercía la mágica influencia de volvernos ingenuos.
Con frecuencia consuelo mis caídas con estas reminiscencias. Mi niñez tuvo letras de partituras dulces, imágenes de zapatillas de ballet en afiches de un cuarto de colores rosa, fotos de sonrisas auténticas en las gavetas donde también se guardaban otros objetos dignos de recordatorio, tarjetas de bautizo que mi abuela celosamente conservaba con la idea de copiarlas algún día para algún evento importante propio, el cual nunca llegaba, o si llegaba, jamás se le ocurría buscar en esos cajones el patrón que un día dijo que era el mejor y que iba a utilizar.
Un piso más abajo, muy temprano en las mañanas de diciembre, comenzaba la faena de aquella pastelería que durante años fue invitada fija en los acontecimientos de la familia. Inigualable era la textura de las miniaturas realizadas con tan exquisita mezcla toledana de almendras crudas horneadas. Mi mente repasa las múltiples formas que exhibían en aquellos mostradores… empiñonados, de yema, figurillas de animales diversos, rellenos y simples.
A mediados del mes, realizaban figuras enormes que mostraban en una vitrina visible a la acera. Una tarde escuché de labios de un anciano el relato de la historia del manjar de Toledo. Hablaba el noble hombre de las propiedades maravillosas que se contaban en Las Mil y una Noches como, por ejemplo, soportar los ayunos del Ramadán o como afrodisíaco para poder hacer frente a los derechos conyugales de forma satisfactoria.
Conforme avanzaban los días, los salones de mi casa se engalanaban de rojos y verdes mezclados, salpicaduras de colgantes plateados chorreaban al árbol y una lluvia de escarcha se escurría en cada uno de los adornos.
Los aromas se confundían en el pasillo de una estrecha habitación que fungía de cocina. Olores de almíbar, sonidos de molinos de maíz, en antesala a los alimentos salados, y entre cocción y cocción, el mazapán haciendo presencia como símbolo de mi “niño” escondido.Aún no puedo comprender muchos de mis miedos, de mis fracasos, quizás no dejé que me invadiera por completo el vértigo de un rascacielos, irracional, inexplicable y cambié mis expresiones de chiquilla por las marcas inexpugnables del tiempo, cicatrices que hoy barnizo con memorias de dulces de almendras con la esperanza de borrarlas para siempre.
Mis días tempranos, manchados ya de un ocre de leña, llevan el sabor del mazapán… cremosa mezcla de triturados de semillas nobles, grasas, dulces.
Manjares disueltos en mi paladar que aún saboreo, que procuran paz, cándidas noches de espera, de apertura de obsequios que con astucia escondían tras un sofá del salón, abreviaturas de una adultez temprana que desinfló los sueños mordidos, pigmentos de girasoles sobre mis pestañas… sabores de mazapán, que nunca se irán y están en mi en los días en que espero con ansias la aparición de la estrella, que no es otra cosa que un sueño extraviado que se niega a volver con las manos vacías.













Detrás del paraban



Déjame que te cuente de las horas tibias, del techo que habito. Aquí todo sigue como siempre, las persianas se entornan hacia arriba para evitar las luces fuertes, del salón provienen los pitidos de los pájaros a quienes le pongo granos de arroz en las mañanas.

Permíteme contarte del color de las paredes. Este si tuvo un cambio radical. Las pinté de ausencia y ahora las noches son para dormir. Las remembranzas han venido muchas veces a buscarme, insisten, se molestan si me niego a recibirles. Incluso el sábado y el domingo… y los días festivos. Les he dicho que estoy de asueto, que mis párpados están cansados, que ya no quiero asistir a ceremonia alguna.

Ayer regalé los últimos recuerdos, los mezclé con azúcar morena y un toque de canela en rama y los mandé de paseo. Me he vestido con ripias delgadas para evitar que el frío traspase los dedos de mis pies.En la cocina, el café se enfrió lo suficiente como para recordarte.

Tengo botellas enteras del mejor vino que quedaron a la espera de una celebración que prefirió quedarse suspendida en el tiempo y ya no lloro como antes.

Con la ganancia que obtuve de tus miserias pude adquirir un barril de fortaleza, ya no me enamoro ni hago dieta y a pesar de todo, he vuelto a sonreír con ganas.

Nadie es imprescindible, eso es cierto y la elección que hacemos del camino es directamente proporcional a nuestras expectativas.

Detrás del paraban, las cosas parecen estar en orden.

Él es




El es

El es de esos hombres sin dogma, que aprietan el poder entre sus dedos, de esos que juegan a ser niños, a esconderse tras las puertas, que apuestan su fortuna por una entrepierna.

Es de aquellos que no ven su propia imagen reflejada en un espejo por miedo, de los que plantan su mirada sin sueños, poniendo sus huesos en un juramento de un futuro que nunca llegará.

El es, como todos, un hombre sediento de aventuras, sumido en la tiniebla de conductas aprendidas durante mucho tiempo. Se cuelga del placer y cae de puntillas esperando comprensión sin despedidas.

El tiene por dios la buena mesa, la hembra prohibida, un trago bien añejo, mucho hielo y después, la promesa dormida.

El, frágil como cualquiera, acaricia los riesgos y exige la exclusiva. Cela como todos, hasta del inocente pensamiento, de la mirada entretenida.

El se quedará solo en el futuro esperando que el mundo se le amolde a su capricho, y ese mismo mundo no le rinda pleitesía.

Entonces, pedirá clemencia a gritos, compañía, ternura y osadía.

Y será tarde y dirá que el mundo entero fue traicionero, olvidando lo que él traicionó un día.