martes, enero 03, 2006

El techo




Drenar…
Mirar de nuevo ese techo que me cubrió tantas veces de sangre haciendo derramar las pocas lágrimas que creí tener en mis ojos.
No hacer nada…solo mirar reiteradamente ese techo.
Cada vez es diferente, por distintas razones, pero es el mismo techo.
Alcanzo a ver, si lo observo fijamente, manchas muy tenues, casi imperceptibles a la vista, desgaste de la última mano de pintura quizás, o huellas de mis sufrimientos. Más allá de los manchones, veo figuras a las que trato de dar un sentido pictórico sin éxito alguno. Solo logro distinguir representaciones abstractas.
Aún así no dejo de mirarlo.
Dejo pasar la tarde, de lluvia, fría, húmeda. Mis pies no encuentran acomodo bajo las sábanas. Y el techo sigue allí, como parte del aire denso que me toca respirar sin desearlo.
El atardecer se hace presente. Los rayos de luz menguan lentos, inclementes. Y el cuarto va haciéndose cada vez más oscuro, en combinación con lo que siento, casi somos uno… o lo somos quizás.
Por dentro, dentro de mi, se van deslizando las ilusiones y casi puedo sentirlas en mis tobillos, a punto de descender sobre mis dedos, escapando por siempre de mi cuerpo.
Y el techo, cómplice, testigo de mi descenso, me recuerda que no es la primera vez que me cubre para hacerse parte de la escena que repito una y otra vez, culpable, demasiado ignorante de las trampas de la vida, reiterativa en mis errores, única en mi especie.
Ahí seguirá esta cubierta mucho tiempo, tal vez la pinte de negro, como para no dejar ya más rastros de luz que me indiquen que afuera, día a día sale el sol inevitablemente.

Acuarela
…bajo el techo.