viernes, julio 30, 2010

ALTAR AL DESCALABRO



no hay quien santifique este silbido impío
que se niega a abandonarnos

este imperio de la culpa
pincela los paisajes
con aguarrás de miserias

desde aquí puedo colgarme
de la brasa de un mediodía
donde la marcha diaria del odio
nace de una parodia

la gente huye
se despide reiteradamente
sin ningún hallazgo
postergan la caridad
en este altar al descalabro

INDOLENCIA



de las grietas manan
las horas de la tímida poblada
que baja con premura resignada
de las cumbres

cuánta arrogancia en este vaivén colectivo
cuánta indolencia en cada hueso
que tropieza estos tubos de aluminio

como el agua
cuando refresca pensamientos
serpenteando a golpes los techos de metal

CIUDAD INJUSTA




nunca me asomé a mi patria
dolía su silencio sumiso

el clamor es el aire del que se ahoga
en la prisión del infortunio

por ello me desvela este capricho
de regeneración
tentar el azar
en la exacta alegoría
de salvarnos de la ignorancia
bajo el cielo grisáceo
que hace estallar la dignidad
sobre el fango fresco que sirve a la justicia

METRÓPOLI SIN DIGNIDAD




faena mísera
cuánto has dejado de darme
por falta de horas

una hipoteca de tiempo
me ha visto crecer cada día
en esta isla rodeada de caos

habrá que emprender un viaje
para armar estas piezas sueltas
huesos perdidos
cifras de un noticiero de comienzos de semana
madres que se quiebran sobre el dolor
que no consuela lo irrecuperable

manoseo el papel en blanco
me cuesta escribir “dignidad”

la única condena que puede culminar
es la que llevo dentro