jueves, marzo 27, 2008

Fauces


Muerde.

Y su mordedura tuvo trazas de adicción.

Mis hombros descienden en señal de hastío.

Me cansa la misma intención baldía y cruel de poseerme.

Ese no saber del principio

me hizo adorar las fauces de un alacrán.

Bendito el veneno al que di paso,

santificado sea mi olvido.

miércoles, marzo 26, 2008

El maquinista




Una de las tantas noches de abandono, subí a ese tren sin más esperanza que una lejanía voluntaria y necesaria.
Una vez a bordo, me limité a observar los elementos del espacio. El aromo férreo, a moneda, a frío. Instalada en el pequeño local, mi vista efectuó un paseo mental apaciguando cualquier rastro de ansiedad con el que hubiera cargado de equipaje.
Tomé el compartimiento posterior del último vagón, por esa manía repetida de ver quien baja y quien permanece. Adicionalmente detesto el tumulto.
El vehículo hizo varias paradas, unas más largas que otras, dependiendo del flujo de pasajeros que abordara.
De cuando en cuando, paseaba algún miembro de la seguridad ferroviaria, confirmando el bienestar de los pasajeros y respondiendo a cualquier requerimiento con prontitud.
Fantaseaba con conducir un colectivo como ese, sentirme la dueña de los destinos, apropiarme por un momento de la velocidad y, en ella, tragarme el aire a contraviento por una vez en la vida, pisotear los charcos de lluvia sin mojarme y saborear sobre mi lengua los trazos de cada paisaje traspasado.
El maquinista apareció ante mí abusando de sonrisas, derrochando una simpatía algo recatada y tímida.
Como diseccionaba mis pensamientos, permití que me tomara de la mano, sujetando mi meñique más fuerte que a los demás dedos y, sin dejar de mirarme como nunca lo hicieron, me otorgó el mando de aquella travesía sin temor a equivocarse.
La conducción del aparato fue tan suave como si de un vuelo se tratase.
Pese al camino, su maestría extrayendo mis palabras se tornaba fluida, como el contacto resbaloso de unos peces en el agua.
En una ocasión, al tropezar una curva, le hablé de mi sospecha, esa que concibe la idea de que, de alguna forma manipuló una buena carnada para llevarme hasta allí, hasta el comando de una nave que flota en el ambiente aunque su tránsito no sea precisamente en el mar.
Pintó un paisaje que ya estuvo entre mis sienes y que he negado repetir. Sin embargo, estaba yo allí en ese dulce juego en el que ninguno de los dos sabía quién conducía el tranvía.
Aún no estoy segura de su nombre, He preferido llamarle el maquinista. Me motiva el arte que tiene para manejar el juego delicioso de llevar donde quiere mis palabras insomnes y a la deriva.

sábado, marzo 22, 2008

Tributo




El amor de mi vida se instaló en mis días una tarde de noviembre, inesperado, sorpresivo, como son todos los toques de los elfos. Acarició las puntas de mis horas, prolongando cada una de ellas hacia un infinito maravilloso que lograba elevarme del pavimento. Ese amor, el de mi vida, pintó las noches con azulejos, arrancó la maleza taciturna de mi vida y procuró que, cada día a su lado, pudiera yo ser subirme en la cúspide del universo. El amor de mi vida cuidó de mí cada centímetro, me habló de bienestar, del poco valor del dinero y de la fortuna de cada momento vivido en cualquiera de las circunstancias, siempre que estuviera yo a su lado. Me hizo viajar por rincones insospechados, aplacó mi conciencia, defendió mi corpórea existencia y veló por mi salud cada mañana de esos días. Este amor, se refugió en mis brazos en cada momento libre, adoró mis susurros, me hizo sentir en su vida, el más excelso amuleto bendecido. Junto a él, amanecía iluminada, repleta de mimos cada noche, antes de cerrar mis ojos e hizo presencia permanente en cada uno de mis parpadeos. El amor de toda mi vida, proyectó la dicha de mi alma, más allá del tiempo y del espacio físico, sintió orgullo de mi progreso y minimizó los pequeños fracasos con un beso que arrastraba pensamientos dulces, miradas almibaradas. Ese gran amor de mi vida, un día espantó mis pájaros nublados, las bestias, los fantasmas y, en un frasco pequeño, los soltó fuera del mundo para que no me hicieran más daño. Jamás dudo de mi íntegro concepto de la vida, ni jugó a endilgarme traiciones que justificaran sus errores. Es así como es “El amor de una vida”… fortuna de espíritu, presencia y juego, transparencia y cristal de azúcar que endulzó hangares de águilas que sobrevolaron mis sueños. El amor de mi vida nunca tendrá un duplicado, por eso le escribo en secreto, mientras otros que solo quisieron ser fugaces instantes, se ajustan mis grafías convenientes, creyendo que, tan poco esfuerzo, podría ser musa de mis letras. Ese amor mío, estará en mi memoria hasta el fin de mis días, pese a todo, en un rincón oculto que hace de hostal de miel y poesía, zumo tibio perfecto para la más hermosa inspiración jamás concebida. Él viaja en mis desvelos, no abandona el lugar que ocupa en mi dermis y no hubo otro que pudiera atribuirse su puesto por lucha ni con suficiente brío. El amor de mi vida enfermó un día de lujuria y prefirió marcharse antes que dañarme, pero, aún así nunca, nunca dejará de bordar mis pensamientos con los días vividos. Así fue el amor de mi vida.

viernes, marzo 21, 2008

Estatua

Como un pedrusco, esta estatua se quedó de cara al sol. Más de ocho mil gotas de lluvia cayeron sobre mi piedra rodando abajo, por un surco terco.
Y seguí con mi bestial sonrisa de blasón. No me quejé durante el tiempo de la espera. vi pasar los restos del equilibrio, secos, como la carne salada.
Mi voz, envenenada de absolutos indiferentes, rebanó las palabras. A solas, inmóvil, agotó suficientes lunas tu regreso.
Esta mueca de cemento comenzó a cuartearse hace minutos. La efigie de la espera se deshace en risas de burla de mí, un sarcasmo recién sacado del horno que no voy a ofrecerte nunca más.
Fui la primera en llegar a la cita de tu olvido y quizás, en el más allá vuelva a esperarte con el mismo rictus, con la misma lengua que gritó su amor en una plaza que albergó una estatua que agotó la expectativa por los besos tibios.

Muerta de frío


Nunca comimos fresas con crema.
Nos faltó el tiempo.
Ese amor, como un trapecio,
osciló en los vaivenes de un columpio,
dejándome muerta de frío.
Quedé sin puntos cardinales
en una bitácora que, en sus derivas,
esperaba por sus letras,
sentada a un costado de su orilla.
Sí, muerta de frío.
Pero estoy segura,
dejé cubiertos todos sus espacios,
todos sus vacíos.

domingo, marzo 16, 2008

Espejismo

Sus pies se toparon con los míos. Un cuarteto gélido buscando cobijarse, codiciando una tibieza ajena.La aurora va trayendo los rastrojos de un sueño temprano y en un súbito voltear de cuerpos, mi mejilla roza suavemente su espalda. Lo advierte y gira, como un imán que necesita su negativo para pegarse a una superficie. Una vez que me encuentra, entreabre sus párpados para mirarme de cerca. Lo siento indefenso, cautivo en mi dermis, dispuesto.Mis pestañas le abanican cerca, como única estrategia de seducción anticipada en un día que aún no se inaugura.
Silencio, roce y sensación. Me acerco, aún más, y le susurro un... buenos días. Se que con esto lo derrito y logro que se desmadeje en mi cuerpo. Amanecernos tiene un encanto especial, si fuera real. No como este sueño recurrente, imposible y vano en el que me empeño en figurar.

jueves, marzo 13, 2008

Basta


Ahora soy yo quien dice “Basta”. Agotada estoy de lidiar con las manías de este combate inútil a ninguna parte. Ahora yo, la de siempre, retiro las palabras dichas, antes que ver cómo se pisan. Ahora, cansada de una retórica sin asiento, me declaro ausente de complejos, y decidida a no aceptar ninguno más. Basta de vida artificial y conexiones infecundas, conviene no extender lo impostergable. Por esto, de una vez por todas, defino el final de las diatribas que siempre agonizaron en el mismo punto. Basta de sentencias que giran a conveniencia, para usarlas como flechas sin blanco con la única finalidad de convertirse en víctima y a mí, en Verduga sin consultarme.Creí moverme en terrenos maduros de paso obligatorio Basta de aclaratorias obvias, no daré clases para explicar que el ego no es lo mismo que la autoestima.De abandonos mientras dicen amarme, estoy harta. Por eso me encuentro sola hasta que llegue quien de veras tome la espada con sus manos y no huya cuando un mínimo error nos acontece. Detesto los hombres sacrificables. Admiro la valentía de quien lucha por lo que ama y no la cobardía de guerrear sólo por obtener el final de mi rabadilla.No estoy en este mundo para cambiar a nadie ni para que reivindiquen mis fracasos mientras hacen caso omiso a mis virtudes. El momento perdido, no se recaptura y el pasado nadie puede ya predecirlo.Ya he leído suficiente de obstáculos imaginarios, de traumas que no son míos y que no se superan, de conformismo voluntario y resignado a un destino mejorable, pero que, en definitiva, no es mi problema.Ahora sí ahuyento cualquier posibilidad. Que no me duelan cuerpos ajenos ni heridas forasteras. Ya basta de atraer las desdichas y predecir el futuro. De una vez por todas, expreso no ser una efigie que sirva de pretexto para ofensa alguna.Tengo una extensa playa entre las piernas que solo recibe un amor sano, auténtico, despojado de truenos que malogren los navíos. La vida está en cubierta, mientras observo cómo se acercan las bahías. Nunca en sótanos que auguran tempestades.Esperé suficiente, aguantando de rodilla los misiles. Basta. No requiero de claves ni códigos secretos porque respeto la autonomía del ser humano y no soporto que me cuelguen letreros de invasora como coartada para desertar de una relación, cuando se está en el umbral del paraíso. Basta también de repetir que amé esa piel, esa voz y esos ojos, esperando con paciencia que la vida dictara las pautas mientras me diagnosticaron el fracaso. Yo recorrí ese cuerpo como si diera la vuelta al mundo mientras ese cuerpo solo pensaba en fusilarme. Basta de arrepentimientos y segundas vueltas.Estoy demasiado viva para perder el tiempo valioso que me queda en discusiones fútiles de náufragos que se niegan a nadar hasta la orilla.Ya no importa ser fidedigna. No tiene caso aportar pruebas axiomáticas. No hay nada que demostrar. Siempre fui obvia y traslúcida.Me largo con mi dignidad a cuestas, como siempre. Ya nada importa ni hay más oportunidades para señalarme, se acabo el juego. Basta.


jueves, marzo 06, 2008

Aleteo





Estas alas de pájaros,
inquietas,
apaciguan los próximos minutos,
me secuestran
dentro del sombrero de un mago.
los dedos, como plumas en veloz aleteo,
se asientan sobre mis poros
y me vuelvo disconforme,
insaciable
y mi piel responde.
después de todo,
hay que volver a jugar al insomne
y a ser la única espectadora
que cambie el curso
de las historias de este viaje.

Mosaicos

Piezas sueltas colocadas cuidadosamente en los muros de mi memoria. Pocas son las junturas que separan unos de otros, pequeños espacios como el tiempo entre las agujas de un reloj cuando se aproxima el momento de abrir un local, una caja fuerte, un colegio.
Tiempos como azulejos, cortos, que avanzan tan presurosos, con la brevedad de la pausa que hace un beso pequeño.
Tiempos y tejas hechas de frases diminutas como la medida entre tus pies y los míos al juntarse buscando roce y sensación.
Baldosas de lapsos que, muchas a la vez, logran decorar paredes, murallas sin otra consecuencia que un inocente instante que transcurre después de un encuentro.
Mayólicas puestas en la frontera, levantándose en un punto de la presencia, ahogando vanidades, respirando con inquietud el desespero al caer la noche, al sentir el trance.
Trozos de latidos que caen con fuerza y, en ese derrame decoran esas piezas, colorean desventuras.
Cerámicas de privilegios que llevo insignes a cuestas, que me permiten admirar la permanencia sin haber estado, la valentía de los insurrectos que, contra todo pronóstico logran ver dentro de los túneles de mi mente.
Lozas, de amores, de visiones del hoy que vivo, del libro de vida, pintadas a carboncillos, con figuras furiosas de algún caballero que probó doncellas con algunos trucos.
Mosaicos de gritos, de aquellos seguidores de artificios, de los que amortajan la vida en nombre del amor.
Mosaicos de cuentos, de protagonistas, mosaicos de mi.

Marzo

En un Marzo, me derramé en tus labios como si éste fuera el tiempo que me toca, el instante donde finalmente, me sonríe el espejo y me muestra segura por dentro y por fuera.
Te regalé un Marzo sin temores, donde enhebré cada frase y te hice un collar con mi ternura.
Así te llevé de la mano, a traspasar el miedo, en Marzo, señalando la salida de un lienzo gris y desvencijado que dejé en un desván como muestra de pasado que ya no importa.
Marzo de paz, en medio de las ráfagas que dejas en el alma de quien un día no creía en la vida. Marzo, mes que tejió en mis fibras la proyección de tus ojos en los míos.
Marzo, te regalé un Marzo, uno que ya se ha ido, era nuestro Marzo.

miércoles, marzo 05, 2008

Eutanasia

Llegó la niebla, precedida por las garras de los pájaros negros. Bestias de otros, vestidas de taciturnas, tomaron posesión del cuerpo. En un cuenco de temores forasteros se efectuó mi diagnosis. Fatal pronóstico, inútil prescribir medicamentos, ni pócimas que mejorasen el padecimiento. Cíclico de crepúsculo a crepúsculo. Cualquier posible solución ha sido echada por tierra. Millones de complejos absurdos invadieron mis células.
Anunciada la defunción de mi presencia, no tuve remedio alternativo más que la propia inmolación, sin llegar a suicidio.
He buscado una vida menos perversa, ausente de temores, un lugar adecuado donde sembrar una pizca de felicidad. Pero en una sola palmada se ignoraron mis deseos y el regalo de mi vuelo fue bautizado como la solución salina que beben las putas ignorantes que buscan refugio, poco menos que una flecha que no encontró el blanco.
No se me permitió sedativo alguno para el dolor, por el contrario, las palabras absurdas fueron puestas en mi boca, mientras, del otro lado del mar, los colegas ríen al saber de mi dolencia.
Nunca existieron las excusas de peso que justificaran tal acción. A través de los años aprendí que el amor puede lograrlo todo. La vida de este amor apresurado se muere y la muerte se llenó de vida.
Los frascos de cariño y paciencia no llegaron a tiempo. Prefirieron la eutanasia.

Secreteo

Calla. O mejor habla en tonos muy suaves.
No quiero que mi sombra intuya que sigo amando. La mantengo ebria en las noches, es cuando me acusa de que aún me puebla el temblor sutil en medio del pecho y me condena por acariciar la desahuciada idea de las fantasías imposibles.
En las madrugadas, ella, mi sombra, me agujerea los pliegues del recuerdo con un sacabocados inclemente. Los desechos caen en vasijas de barro y se transforman en polvo de estrellas.
Que no sepa del incendio de la ausencia, de mis horas cobardes, mojadas de llanto, esas que nadie sabe.
No le dejes la duda de mi fortaleza, la máscara de la mujer de hierro que no soy, de lo inútil de una espera en la que ya no creo.
Háblame quedo, que tengo miedo.

martes, marzo 04, 2008

Sapiencia

La sabiduría
se adquiere al destejer
los nudos del camino.
Es un proceso sinuoso,
en un camino desigual
donde todos tienen oportunidades.
El conocimiento llega
cuando el nudo está desecho
y no volvemos a sujetar el mismo.
Cuestión de superar adversidades
y no repetir los errores,
pienso yo.
He aquí la mejor doctrina.

Obvio




No lo digan,
ya se que estoy fingiendo que nada pasa.
He ignorado el cambio,
regalé seguridad.
El amor se estruja y se vuelve mueca.
Y yo, no quiero decirlo.
Rasgo en el aire, no hay peldaños.
No hará falta decirlo cuando se desplome,
caen las hojas,
nada las retiene.
Hay un silencio inhumano,
receptor de indiferencia.
No hay nada por decir,
Están completas las dosis de la apatía.
Lo obvio está en el tapete,
no hará falta decir nada más.

Todo está bien

Las cosas han cambiado, el tiempo se limpia de cenizas y yo sigo cazando eclipses de luna y jugando al espadachín con esos demonios que llevo dentro.
No te he contado como restriego los sueños, como un jardinero que extrae las malezas y va dejando sólo las buenas semillas. En general, estoy bien.
Ya no me doy permiso para soñar, he apuntalado mis pies, mis lindos pies en el concreto de la acera para no volar más alto que mi estatura, por eso todo está bien.
De brazos que se enroscaron, quedan recuerdos vagos que afloran con ciertas circunstancias, sin embargo ejecuto rápidamente la sustitución del pensamiento y voy logrando el objetivo.
He tenido que dejar la poesía por un tiempo (por eso todo está bien), para no divagar entre palabras que, inevitablemente me conducen a la apertura de cicatrices que trato de sanar.
Ahora podría convertirme en lo que siempre fui y creo que olvidé, se que todo es posible, se que los obstáculos no son más que maletas que nos imponemos y que basta dejarlas en el andén y partir sin ellas para que se produzcan milagros.
Cierro los ojos, los entorno hacia arriba y en profunda concentración, te juro que llego allí. Pasa que al llegar, ya no encuentro los brazos abiertos en señal de bienvenida.
Ahogué todas las frases que trepaban por su lengua y en mis muñecas quedan las suturas que servirán de huellas para lo que nunca quise ser.
Hago jugos de estrellas y ya no sangro por dentro, bostezo cuando recuerdo y termino con una sonrisa como consecuencia de las evocaciones, vale decir, solo remembranzas dulces. Nunca supe burlar a la soledad, por eso ni siquiera la enfrento.
No me clausuré, todo está bien. Tal vez, por eso todo está bien.

Y sin embargo

Hay aves que emprenden un mismo vuelo, planean a la misma altura, sus piruetas son similares y sin embargo, a mitad del camino, se distancian al advertir que sus aleteos ya son diferentes.
Hay seres que en el trayecto se sorprenden al encontrar sueños afines, dignos de compartir vidas, el gusto por el mismo color, el mutuo deleite por las notas musicales, un paladar afín que concuerda a la hora exacta y en el lugar preciso, la mirada coincidente, las manos que se ensamblan perfectamente, la temperatura y el goce semejante de sentirla al amanecer, el olor que subyuga, penetra y seduce, el compás acorde, el mañana en un lienzo recíproco, el futuro solidario en un mapa que revisan a diario, el frío a la misma vez, el abrigo bilateral en el otro, la sonrisa cómplice, un mundo propio repleto de complacencias, el programa consonante que hace reír, la película triste que conmueve, la paz en la derrota, el consuelo en la caída, el alivio en el cansancio… y sin embargo esa misma cercanía similar es quimérica.
Hay seres en absoluta consonancia de acoplar sus vidas…
y sin embargo se convierten en imposibles.

Tempestad

Voy a sorberme mis silencios uno a uno.
Tragaré en seco esas tormentas que me revuelcan,
restándome la paz, silbando feroces vientos,
dándome pequeños recesos en medio de la borrasca,
para luego arremeter con furia, azotando mi frágil cubierta, destrozando la tranquilidad, ahogando sueños, sumergiendo mis heridas en toda la sal que contiene el mar.
Aprovecharé la ausencia de los tifones
para cicatrizarme y reponerme,
hasta que un día, en un torbellino similar,
sea yo quien arrase en mi tempestad con todo
y entonces, ebria de pasiones,
decida dejar limpios los terrenos
de todos los escombros que aquel dejó a su paso.

Alma de oveja




¿Dónde van las almas de las ovejas
cuando se les deja ir?
Seguramente dormirán plácidas
sobre el algodón de las nubes.
Quizás de día reboten con alegría
sobre la dulzura de aceras acolchadas.
O puede que solo observen en calma
la caída de la nieve para adueñarse de su blancura.
Me quedó un soplo tibio de su presencia
y una sensación de lana suave y mullida entre mis dedos...
una mirada de papel y un pequeño juguete de felpa.
Suficientes razones para saber
que la ternura se quedará en mi recuerdo cuando la piense.

lunes, marzo 03, 2008

La muñeca infiel



No siempre su expresión era la misma, pesar del material de que estaba constituida... de sueños, de brisas, de alientos. Su plástico frío encerraba gestos que solo yo podía apreciar. Sabía cuando saltaba por dentro de contento (si hubiera podido hacerlo).
Había un alma encerrada allí. Su traje, original, era de diversos tonos azules, de allí mi preferencia por tal color. Diminutas florecillas salpicaban la tela, distribuidas en forma uniforme, en largas filas de se unían de uno a otro extremo del vestido. Un delicado encaje colocado delicadamente en su borde, formaba parte del decorado.
En tonos crudos y con múltiples orificios que, viéndolos desde cierta distancia se plasmaban en siluetas de margaritas, o quizás girasoles un tanto disfrazados, así era el tejido.Sus piernas eran perfectas, de rollizas carnes de niña, de agradables tonos de piel. Más abajo, en sus tobillos, las mediecitas crema, suave, se extendían desde la rodilla para terminar en graciosas zapatillas café de tiras transversales, de aspecto colegial.
En el cuello, un pequeño pedazo de tela hacía de borde al comienzo del vestido. Su rostro era hermoso, servía de corona al imperio de su cuerpo. De pómulos resaltantes, apariencia grácil y a la vez majestuosa su mirada...
Un tenue rosado le daba ese aspecto saludable a su rostro. Sus ojos, en tonos de otoño, ofrecían la profundidad de dicha estación, destapaban deseos de observarlos por largo tiempo, como descubriendo esos secretos que ocultaba de todos, menos de mi.Dicen que alguna vez fue una niña que, de brazo en brazo se dejaba acariciar y competía por cariño con otras muñecas. Por eso, los dioses de los juguetes, la confinaron a quedar inmóvil bajo una vida de figurín, de maniquíes con alma.Me es familiar esa leyenda.
Quizás, algún día, por mi nostalgia, por mi necesidad de abrazo, yo también fui una de ellas.
O lo soy, quien sabe.

Credo





Creo en tus ojos que profundizan en los míos
hasta desvanecerme en el aire.
Creo en tu boca que emite el aliento más dulce
armando las letras de mi nombre.
Creo en tu piel, que se deja tentar al contacto con la mía.
Creo en tus pestañas que se cierran cuando, al tacto,
logro humedecer tu mirada con mis labios.
Creo en tu sonrisa, que moldea las alas de mi alma,
para hacerla despegar de la grama donde me colocas.
Creo en tus dedos,
mágicos promotores de los versos más hermosos,
forjadores de mi cuerpo.
Creo en tus oídos, porque gracias a ellos
logro llegar con sonidos azules hasta tu mente
y perturbarla… y acariciarla.
Y, creyendo en eso, creo en ti, en mi,
en lo que crece,
en lo que queda en mis poros cuando te siento tan cerca.

sábado, marzo 01, 2008

La mujer de altura

Las mujeres grandes dicen que no escriben poesía. Y entonces, bajo un pseudónimo sugerente, paren las letras, acunan las prosas y despiertan fantasías. Desdeñan lo rosa y los camisones de flores, aguardan sin paciencia y con mucha expectativa al hombre de su vida.Juegan en otros brazos al placer del olvido, pero llevan signados un nombre, uno solo, en uno de sus bolsillos.
Las mujeres fuertes no hablan de soledades recién nacidas, fingen fortaleza de guerrera! , proclaman autocontrol con una sonrisa. Jamás se extravían en canales de caricias, aunque mueran por ser sumisas y vencidas heroínas. Las mujeres admirables no se piensan primitivas, no se inmolan, no resucitan, conocen de ceremonias dulces que hechizan y, una vez que atrapan su presa, se vuelven adictivas.
Yo no se si soy de esas que se deslizan, que se vuelven sensuales ante un soplo pequeño de vida, convertidas en murciélagos que evitan la luz del día, que no tienen memoria y acunan el insomnio como filosofía.Ya no se si soy mansa, leal, o paso desapercibida.

Ese




Ese, que ya vino una vez por la ruta equivocada, vendrá en otro cuerpo limpio de complejos y de remembranzas amargas. No sufrirá de miedos que acechan y el único acertijo posible será el de destaparle el alma. Ese, no vendrá con palabras gastadas, inventará para mi un idioma, un puente de palabras, amnesia de ilusiones pasadas, estreno de lenguas sin despecho, ni corazas. Reto delicioso sin exigir receso en mis entrañas. Ese, sabe que no busco supuestos amores de una tarde, ni juramentos salobres, ni pactos desgastados, ni machos que suspiran por princesas perfectas, sumisas, sometidas a mandatos. Ese que, está cerca, va a venerar mi ombligo, mis uñas y hasta los vellos que tiene mi cara. En profunda reverencia encontrará los atajos y saltará las murallas. Llegará profeso de amor, presumiendo de mi, dibujando mis sonrisas en cuadernos de vértigo, con la espada de un guerrero que primero lucha por sí mismo y produce admiración en mi mirada. Ese, no vendrá dudoso de su propia calma. Me traerá bordadas la paz, la alegría y las ganas voluntarias de estar a mi lado y no sentirme yo equivocada. Busco a ése, que viene sin hambre de carne y que, al llegar a mi, no tendrá el momento de saciarse.