lunes, julio 20, 2009

PERFECTO DECÁLOGO DEL BUEN POETA.

DECÁLOGO DEL BUEN POETA
Mharía Vázquez Benarroch


Papel Literario. El Nacional, Caracas 18 de Julio de 2.009

PERFECTO DECÁLOGO DEL BUEN POETA

Por: Mharía Vázquez Benarroch

1.- Sólo quien entra en poesía como se entra en una religión, dispuesto a dedicar a esa vocación su tiempo, su energía, su esfuerzo, está en condiciones de llegar a ser verdaderamente un poeta y escribir una obra que lo trascienda.

Religión viene de “religare”, volver a unirse con las cosas fundamentales del universo. Escribir poesía no es un juego, tiene un alto costo espiritual, y es un templo donde la Diosa pide su tibia limosna día a día, entonces… entra a ese templo con el debido y sagrado respeto: no entregues basura al lector, exponte en carne viva en cada línea. La recompensa será la eternidad.

2.- No hay poetas precoces. Todos los grandes, los admirables poetas, fueron, al principio, escribidores aprendices cuyo talento se fue gestando a base de constancia y convicción, de lecturas y de disciplina, de pasión por la escritura, que siempre será el primer interés…si puedes dejar de escribir, un día, y otro, y otro, dedícate a otra cosa, no pierdas tu tiempo pavoneándote de poeta.

3.- La poesía es lo mejor para defenderse contra el infortunio. Es terapéutica, sanadora, para quien lo escribe y para quien lo lee, por eso debe ser escrita con el corazón y revisada con la razón.

4.- En todo poema, aun aquel lector de la imaginación más pobre, debe poder rastrear un punto de partida, una semilla íntima, visceralmente ligado a una suma de vivencias de quien la fraguó. Si el poeta no tiene la capacidad de que lo entienda quien lo lee, simplemente “no existe”. No tiene derecho a existir para el lector.

5.- Un poema es, por definición, una realidad que es -y sin embargo finge no serlo-, una creación cuyo poder de persuasión depende exclusivamente del empleo eficaz de las técnicas del lenguaje y de la escritura, semejantes a las de los magos, que hacen magia con técnica, sin que la técnica se note. Por eso aprende las herramientas de tu idioma, las del oficio, trabaja profundamente los títulos (son la puerta de entrada al poema, a la vida), no cometas asesinatos ortográficos, ni saques a pasear tu ignorancia con impudicia…lee, lee, lee y vuelve a leer.

6.- En esto consiste la autenticidad o sinceridad del poeta: en aceptar sus propios demonios y en servirlos a la medida de sus fuerzas en cada poema. Escribe hoy como si fuera tu último día de vida, ese desgarramiento o esa alegría, quedará para siempre en el poema.

7.- El poeta que no escribe sobre aquello que en su interior lo trastorna, lo estimula y le exige, y fríamente escoge asuntos o temas porque piensa que de este modo alcanzará mejor el éxito, es inauténtico y lo más probable es que, por ello, sea también un mal poeta (aunque alcance el éxito, las librerías está llenas de pésimos poetas “jóvenes” hasta los 60 años y “famosos” entre ellos).

8.- La mala poesía que carece de poder de persuasión, o lo tiene muy débil, no nos convence , no conmueve nada en nosotros. El fin de un buen poema es conmover a quien lo lea, si al leerlo no pasa nada, es un mal poema.

9.- La historia que cuenta un poema puede ser incoherente, pero el lenguaje que la plasma debe ser coherente para que el poema sea genuino y tenga vida. Lee y relee lo que escribes, con exigencia, sin conmiseración, no vaya a ser que en unos años te arrepientas de publicar un poema débil o mediocre.

10.- La sinceridad o insinceridad es en poesía, un asunto ético y además estético. Si bien es cierto que la literatura es puro artificio, la gran poesía consigue disimularlo y la mediocre lo delata. Lo que guardan los siglos de grandes poetas como Homero, Safo, Ovidio, Shakespeare, Byron, y muchos más, es lo auténtico de su escritura, que trasciende modas, gustos de época, historia y tendencias, porque esa escritura resuena aún en nuestros corazones con la misma fuerza de los días en que fue escrita. Un buen poema, tenga los años que tenga de escrito, debe poder leerse y tocar nuestro corazón, como si fuese escrito hoy.




ARTÍFICE





Sigue golpeando en esta piedra terca
deja el pájaro volar dentro de este pecho
hazme obra redimida
infinita
póstuma
perfecta

GAUDEAMUS





En esta casa ya nadie se santigua ni me alimento de los ritos.
Voy cuidando el jardín vecino, espantando la sombra con un periódico antiguo y procuro el silencio en cada estancia.
Este faro, alumbra perpendicular en la ventana de mi liberación, socava la oscuridad que otrora permití y la fe me acaricia cuando hago la celebración de mis jornadas.
Ya no lo busco. El Todo está en mí porque así me dispuse a recibirlo, como el Rey de reyes.
Trajo para este festín múltiples botellas que contienen pócimas. Ninguna es más celestial que el verbo que me deja sobre la mesa de mis demonios.
Y apacigua los días, con el sol de las sombras, doma el vértigo, el temor.
Nunca regreso vacía. Me ocupa.

Papel Literario - El Nacional 18 de Julio 2.009