viernes, noviembre 30, 2007

Límpiame















ahora límpiame

de alucinaciones



extrae la cáscara

que resguarda las horas

desmaleza la fatiga de no saberte

insolente

sobre la desnudez de mi culpa



esta tierra prometida

se hizo trizas

sin ese oleaje que ya era hábito


límpiame

me asquea perdurar sin esa orilla

donde arde la mancha clausurada


me sospecho golpeando tu arrecife

curtida

en una medianía que no crece

y me convierto en leve temblor

que gime tu nombre

dentro de esta bóveda

que ahora es mi cuerpo


límpiame

antes de fosilizarme

embarrada en almizcle

olorosa a sacrificio

a pavimento


escribí setecientos versos inútiles

en cinco etapas

y sigo sucia


ven

límpiame.

SUCIA






















deséame obscena

usable y censurada




como diosa sin verbo pomposo

dibuja la pisada ceniza

de mi camino de sombras






ya sabes

es lo que cobija mi sexo

bajo sábanas manchadas

cuando el amor merece

lápidas de plata






llego cabizbaja

vestida en el desparpajo

de una danza inmunda

que se hermosea en tu presencia






en mi ingle

reposa tu ventura

veneno elegido

que complace

la herencia merecida



ven a padecerme

esta pócima

no tiene desperdicio

lunes, noviembre 12, 2007

Hambre




Envuelvo la mansedumbre colgando en la puerta los prejuicios. Esta brutal docilidad no encaja. Conviene coquetearle. En estos siete centímetros de lejanía no es prudente ofrecer resistencia. Un aroma a higos dulce se desprende de la lengua, audaz, serpentina, valiente.Hay que encontrar el pretexto para que el miedo aborte el temblor inoportuno.Una buena escaramuza podría desnudar las ganas impías. Me desmorono como un puñado de arena cuando cae, descenso en vertical, bases llenas.Un cuenco de miel donde empotro mis pies, suaviza la fiera que gruñe en mi entraña. Armisticio prudente en mi pelvis. Los talones ya no son pedestales que sustentan a una mujer sumisa. Se suicida el bochorno anunciado entre las sábanas pálidas. Ahogo las ironías a cambio de resucitarme en esta esfera llena de peces que baten mis rodillas. Huele a azafrán en el último segundo de cocción, denso, abriendo el apetito, derribando los vicios de lascivia. Erguida, como un signo de admiración en lugar equivocado, hago lento mi tránsito como lagartija que prorroga con pavor la captura. Saciar el hambre, morir de recuerdos póstumos rellenos de postres de crema.

Sucumbir.