martes, marzo 20, 2007

El fantasma



Hoy ha vuelto el fantasma a visitarme. Se mostró sonriente en la foto, sin embargo sé que hay una mueca de burla entre sus dientes. Por escasos minutos le lancé una mirada profunda y sentí que me hablaba. Señaló el escenario donde se encontraba en ese entonces y me echó en cara la miserable libertad que me gané con su partida.

Después de todo, tiene razón en el reproche.

¿Qué soy después de tanta lucha sino una antorcha apagada y dejada en el olvido por si falla la luz eléctrica?

¿Qué me cubre como no sean unas hojas de alcachofas secas que yo mismo conseguí hurgando en basureros ajenos?

¿Qué tengo sino mi profunda melancolía como acompañante cada noche de mi vida?¿No cargo, acaso, con un puñado de cicatrices que no sanan?

¿Por esto cambié mi vida de sorda?

¿No era preferible la tibieza de la vida, sin ardor, sin memoria a vivir esquivando la indiferencia que me he ganado?Me restregó su mirada hostil, detenida y escupió sobre mis poemas y soltó una carcajada.

Tu libertad para ser sombra –me dijo y volvió a reír.

Descubrí que estoy llena de miserias crudas, aún en una olla de hierro abandonadas, que mi lucha no es más que el sofoco diario por mantener la nariz fuera del agua, pero no salgo y que mis días son infinitamente solitarios esperando cariño.

El tuvo razón. La libertad no existe, la comodidad debe sobreponerse a la aventura y cercenar las alas. El vuelo es peligroso, lleva riesgos que no todos podemos asumir.Ahora soy yo quien quiere estar voluntariamente sola y no volver a hablar de libertad.

Después de todo, solo he hecho una involución involuntaria para terminar siendo un manojo de silencios de segunda que nadie quiere escuchar. Coloqué la foto boca abajo y ya no volví a escucharlo.

martes, marzo 13, 2007

Al llegar al vértice


Al llegar al vértice, existen ciertas condiciones ideales para mantenerse. Algunas mujeres somos cosas de cristales sutiles, Se esperan muchas cosas de nosotras, perfección en el hogar, excelencia en la crianza, una paciencia infinita, un interminable perdón. Mis silencios gritan a campo abierto sobre las injusticias. Enero se me hace angosto para meditar y ha aparecido una extraña sensación de vaguedad en mis decisiones. A estas horas, la gente recupera sus vidas de nuevo, las cose al sesgo de la conveniencia, olvida lo no imprescindible, se vuelven títeres de la sociedad. Yo solo mastico mi insomnio lentamente pensando en horas perdidas. He lamido mis cicatrices lo suficiente y ya no tengo razones para volver atras. Finalizó la paranoia ajena, la que no me concierne y las caras lavadas por fin se ven claramente, sin antifaces.


Cuando se es de una forma no se pueden ocultar las intenciones por mucho tiempo. Soplé aquello que estaba turbio y lo que encontré era la misma realidad que nunca quise afrontar con dignidad. Termino siendo una mezcla de niña y diablillo. Me quedo con el diablo si eso ha de hacerme menos ingenua y más luminosa. No manejo los grises, me sostengo en los ángulos agudos y me aferro con firmeza a los colores determinantes. He sido una antítesis perenne y tarde me dí cuenta del esfuerzo perdido al procurar traspasar puertas que me cerraban constantemente. La vida es una paradoja, tratamos de ser constantes en las decisiones y no advertimos que el desprecio es una forma de espantarnos cuando estorbamos. Al llegar al vértice, al límite, al borde, puedo decir con responsabilidad y conocimiento, que no he sido nadie, no tuve rincones propios en el camino y no tengo donde esconderme puesto que nunca tuve cosa alguna que ocultar. Hoy me renuncio, estoy segura que el amor no existe, es solo un estado pasajero al que le damos nombre, me resigno a dejar descansar mis tobillos, los dedos de los pies que me sostienen, me renuncio sabiendo que el mutismo debe ser mi mejor estado, ya que hablé demasiado, pedí demasiado, exigí demasiado, por lo tanto, lo mejor es callar. La indiferencia estrujó mis poemas y los echó al cesto sin miramientos y los aviones no esperan por nadie, aunque haya tormentas fuertes o amantes que no quieren despedirse. He llegado al vértice y mi vida tomó colores ocres y selló la historia que nunca fue verdadera de la que debo despertar.


La niña de los ojos tristes

La de los sueños bordados en encaje,
la que no puede ocultar la humedad
que hay en ellos,
la que describen como melancolía.
Ella es un jamás sin regreso,
una negación, un imposible,
una estampa de soledad transitoria, sin raíces.
Es una llovizna sin nubes,
un silencio que grita,
un cabello que destila congoja
sin que una mano le acaricie.
La niña de los ojos tristes,
decidió un día no maquillarlos más de ternura,
no mostrar lo que dicen,
no pedir compañía.
Los ojos tristes pertenecen a esas sombras
que habitan en sus lacrimales,
las que un día parecieron esconderse
ante el reflejo de una luz
que resultó artificial y que quemó sus fusibles
cambiándolos por represión.

Comodín

No advertí que el tiempo pasaba
porque estaba fuera del mundo.
Las luciérnagas ladraban
y yo me ocupaba en creer en el pasto que crecía.
¿Quién dijo que había que creer?
-Me dijo un díael mundo paralelo.
Y a ése, no le creí.
Sólo escasas 24 horas y el minuto en que vivo,
ese ha de ser mi tiempo,
el tiempo de un comodín. Lo demás…es adorno
y los adornos sobran.

Acuarela… como un comodín.