martes, agosto 26, 2008

Sed




Dame de beber.
Estoy árida.
Desértica.
Moja la tormenta seca
que me rompe por dentro.
Humedece el silencio
que nace del vértice
de la inmensa soledad.
Salpica mis aristas
de ese rocío de ti.

Razones




Lo quiero por su olor a felino limpio, astuto, que cela mi cuerpo y olfatea mis ganas.
También por su mirada de lobo, aunque no esté la luna llena.
Por la sonrisa de duende, que adivina lo que pienso y presupone mis deseos haciéndolos ciertos.
Lo quiero con orgullo, sintiéndome a su lado la mejor hembra.
Por sus labios de viento, que me elevan el sueño aún en la distancia, por su sombra que cobija a mi diestra mis momentos de frío.
Lo quiero porque me llueve a tempestades en el verano copioso y, paradójicamente, broncea mi ternura cuando tirito.
Porque a veces no me entiende y eso me inspira a hacerme más explícita cuando le hablo al oído.
Lo quiero porque quepo en su pecho, en el arco de sus brazos, entre sus dedos de músico, en el fondo de su ombligo y me acomodo reposando en todos ellos.
Por eso lo quiero.

Fotografía: Bodyscapes