viernes, abril 11, 2008

Paralelos





Acércate a mí. No trates de entenderme, que de esta mujer nada se ha dicho ni queda nada por decir.
A veces me hundo, pero déjame. Aún no suelto las cargas completas y requiero tocar fondo.
Otras veces me elevo y vuelo y voy a desear que me acompañes. Entonces ven, si lo deseas, solo si así lo quieres. Cierra tus ojos y deja que te guíe. Subir, descender y hablar de lo que vemos y de cómo esta perspectiva se nos atoja pareja para ambos.
Me gustan los paralelos, me hacen sentir la sensación individual del ser humano.
Un día brinco y te alcanzo y me fundo en tu línea recta para hacerte dudar.
Luego regreso a la mía y sigo siendo yo, con mi alegría, con mi melancolía.
Yo con este amor huérfano, yo pacífica, yo desperdiciada, deshabitada y baldía.
A veces me escondo y no quiero hablar. Entonces déjame, vuelve cuando te sonría.
Será ese el momento perfecto para fundir los paralelos. Mientras tanto, déjame.

Sangre


Un vacío de seres invade las sillas.

El aire gélido se expande y solo a mis pies se ubica.

La sangre despide un aroma elemental, particular,

de vida y de muerte.

A glóbulos, a plasma,

a una condición que creemos desconocer hasta que nos sucede.

Entonces sabemos lo frágil de la existencia.

En un solo instante, ese soplo se amenaza

y empequeñece el concepto, la silueta.

Una palabra basta para sabernos efímeros,

otra para dar gracias a lo divino.

En una minúscula porción invisible,

todo late, o nada, progreso o detrimento.

Huele a sangre, a plasma, a vida.