viernes, abril 11, 2008

Sangre


Un vacío de seres invade las sillas.

El aire gélido se expande y solo a mis pies se ubica.

La sangre despide un aroma elemental, particular,

de vida y de muerte.

A glóbulos, a plasma,

a una condición que creemos desconocer hasta que nos sucede.

Entonces sabemos lo frágil de la existencia.

En un solo instante, ese soplo se amenaza

y empequeñece el concepto, la silueta.

Una palabra basta para sabernos efímeros,

otra para dar gracias a lo divino.

En una minúscula porción invisible,

todo late, o nada, progreso o detrimento.

Huele a sangre, a plasma, a vida.

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