viernes, febrero 29, 2008

Evanescencia


Desapareció. Aún antes de haberse ido, amaestrando su ausencia diaria, mientras sentía escalofríos por traicionar mi boca. Abandonó mi aliento de forma recurrente, adoptando las poses precisas del que huye siendo culpable, del suicida que no es sobrio ni elegante, repitiendo un discurso de mentiras mal construidas. Desapareció con un vacío rancio anunciado en cada crepúsculo, en cada disfraz del amante que prefiere pellizcar el aire antes que asumir sus sensaciones.Sin embargo, en cada filo de mis noches muertas, su recuerdo se hizo eterno llevándose mi nombre.
Ahora recuerdo que jamás lo pronunció.

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