domingo, abril 20, 2008

El espantapájaros

Lo conocí cerca de las pascuas navideñas. Su porte, nada ostentoso, hizo las veces de galán astuto y, para mi asombro, logró captar mi curiosidad. Di un paso, que aún dudo que fuera mío, hacia una estancia repleta de incomodidades, donde pude conocer el entorno y las intenciones de aquel muñeco.
Hablaba de la espera de la fortuna, de cómo un día cambiaría su vida con solo comprar la lotería y sin mover un dedo. Cuestionaba y culpaba a Dios de sus miserias, aunque muchas veces aceptó que tampoco se esforzaba por cambiar su historia.
El espantapájaros espera que el sustento le caiga del cielo. Así va, día tras día perdiendo el tiempo, alabando su espacio, despreciando todo lo que huela a progreso. Personas, situaciones, lugares, todo aquello que no pertenezca a su tibia vida es motivo de señalamiento, juicio y condena de su parte.
Este fantoche, se da el lujo de aspirar compañera y no de su misma especie, sino de altura, de agudeza, si es posible de la más alta inteligencia. Sus intenciones no van más allá que atraerla para si y convertirla en el mismo títere clausurado y alejado del mundo en que se ha convertido él mismo. Así se publicita, como una prostituta buscando empleo en épocas de recesión.
Para el espantajo todo está mal visto. Desde su estática posición de comodidad, observa con inercia cómo los cuervos van y vienen defecando sus desechos, los que luego son depositados en un pozo estratégicamente colocado cerca de su estancia. Su forma de injuriar a quienes no comparten sus ideas apesta más que su propia deposición.
Así han pasado las horas, los días, los años, y el muñeco sigue en el mismo sitio, sin avances, revolcándose en un inframundo esperando la fortuna divina cayendo sobre su cabeza.
Lo triste de la historia es cómo dispara testimonios, emite juicios y ofende mientras se revuelca en la miseria que con orgullo ha construido para sí.
Le ofrecí mi amor una tarde de enero, obviando las diferencias, la distancia, su escaso afán de lucha y otras características que no congeniaban entre ambos. Recibí por respuesta una constante lluvia de incoherencias que variaban de un día al otro. Hoy se que su condición no está preparada para recibir amor y que los complejos son el alimento diario que ingiere.
El espantapájaros produce ternura en algunos visitantes, hasta que éstos logran ver con mayor profundidad su paralizada situación voluntaria y la defensa sin base que le hace a su deliberada miseria.

1 comentario:

Livros e Revistas dijo...

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