viernes, julio 18, 2008

Disímil




Detesto las rosas. Y todo aquello que se suponga común para cualquier mujer. Lo que encasilla, lo que, de alguna forma, hilvana vidas en el mismo collar.
Reniego de trabajar en serie y que mi labor sea el promedio resultante de lo que otros hacen. Esta gente que se agrupa nunca sobresale, nunca es diferente.
Adoro ser diferente. Amo un garabato del cual pueda desprenderse un trazo difuso y crear una figura a partir de ese punto, un zigzag, un giro repentino de la línea recta
No existe lo perfecto, no funciona lo condicionado a una regla específica, cuando no se toma en cuenta sensibilidad humana.
Por ello me miran raro. Debería desmayarme si me obsequian una rosa y no lo hago. Tampoco se fingir aprobación ni complacencia, se me nota en los pliegues de mi boca.
Sucumbo ante un tulipán. Las rosas están en las calles salvajes, abundantes. Cuesta conseguir los tulipanes.
Así sucede con muchas otras cosas. Lo tradicional abunda. Prefiero estar en desacuerdo con lo habitual.

1 comentario:

josé dijo...

Es una postura si se quiere, valiente, la tuya. Ir a contramano, ver las cosas que nadie busca ni siquiera ocasionalmente. Es no ir a la plaza cuando todos marchan hacia ese punto como en rebaño. Lástima por las rosas, nunca he tocado un tulipán..