jueves, julio 07, 2011

Monólogos 1


Fotografía: chema madoz

Definitivamente es imposible engullirse el texto si el silencio no se asigna. Hay que obtener un pasaporte sin sellos ni destinos para trasgredir el bullicio e imponer el estado crítico donde la letra brote ingenua, lisa y sin adornos a escindir el papel y quedarse.

Cuánto ha costado esta transición? Cuánta ignorancia me ronda hasta estallar en una verborrea que se convierte en el extracto de la interrupción?

No termino de construir ese puente en el que puedo ir y devolverme cuando el verbo lo requiera.

Siempre está a medio hacer. Lo dejo en suspenso a diario y cuando puedo regresar, apenas se me permite colocar un solo adoquín.

Hace falta comprar el tiempo, lograr el espacio rugoso presto a dejarse alisar. Y entonces, soltar el ancla y quedarse para siempre.

Reconozco que no lo logro. Hay excesos de compañía. Cuando creí haber completado todos los elementos, me desgajé entre hendijas y separé las juntas. No basta ignorar todo este escándalo. Hay que aprender a separar el silencio, decantarlo y quedarse sentada sobre el único banquillo donde nadie habla mientras alrededor hay multitudes que huyen de su introspección.

Se dificulta. Y hasta la disciplina se hace cuesta arriba en estos momentos en que la huida parece la única alternativa.

Huir, sí, con las consecuencias que ello traiga, con el color de la retirada.

Entonces no hará falta la insurgencia.

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