Intemperie

La recuerdo, ahora con distancia, y ya no me seduce la idea de revolcarme en tonos grisáceos, ni cerrar las puertas de las jaulas.
No he vuelto a mencionar al abandono como excusa a mi escaso aprecio a mí misma.
Lubriqué los nudos de mi vida y creo que las sogas se estiran tan limpias que puedo escurrirme de cuclillas sobre ellas sin miedo a tropiezos.
Me cubre un techo, de donde cuelgan albures con hebras de nylon fino. Parece que flotaran.
En las esquinas estallan meteoros maquillados con destellos blancos.
Ya no hay intemperie. Solo vida detrás de una curva que tomo con cautela.
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