jueves, febrero 21, 2008

Monstruos bajo la cama

De pequeña, como todos los niños, albergué en ocasiones, el temor a los monstruos, fantasmas, duendes, y todos esos personajes creados por los adultos con el fin de amedrentar a los pequeños para obtener con ello, una conducta más favorable.
Con el tiempo aprendí, junto con los miedos propios de la infancia, que cada quien adquiere sus propios monstruos, les da albergue, les abriga, los alimenta cada vez que les temen y ellos van creciendo poco a poco hasta adquirir dimensiones inimaginables.
Se apropian del tiempo, del espacio y hasta del pensamiento. Generamos adrenalina ante su presunta presencia y ésta es el más nutritivo alimento para que sigan creciendo.
Logré desterrarlos de mi vida en una contienda que me llevó largos días luchando con mi fuerza de voluntad, con mi sangre, con la humedad de mis ojos, con la sociedad.
Aprendí en ese entonces que solo enfrentándolos, desarrollaba mi coraje y mi fuerza y así ya nunca más volví a cubrirme los ojos cuando algo parecía asustarme.
Hace algunos años, conocí al catire. Hombre de grandes cualidades y una inmensa falta de amor a lo largo de toda su vida. Durante su niñez, hubo abundancia de tristezas y miserias y su infancia transcurrió en una permanente inestabilidad emocional. Creció abocado en una búsqueda inútil y ficticia de valores que nunca fueron satisfactorios.
El catire sufría de esos miedos a los monstruos bajo la cama, esos que jamás vio pero que le aterrorizan de solo escuchar las historias. Vivió encarcelado largos años por no asomar la cabeza bajo su lecho y descubrir que no había nada en el sitio, pero su aprensión era mucho más fuerte que el poder de la decisión.
Catire esperaba que los monstruos se fueran solos, que cedieran un día en su afán por asustarle. Y así pasaron los días, los años y perdió su tiempo encerrado, esperando y esperando la huida de unos seres que nunca existieron.
Pasaban los trenes, diversos turnos, muchos destinos, pero catire no fue capaz de asomarse a mirar que nunca hubo nada de qué preocuparse y que el miedo había que enfrentarlo. En una oportunidad conoció el amor y hablaba de los muchos sueños que cumpliría. Sin embargo, catire nunca enfrentó sus temores y el amor terminó por irse agotado de esperar una disposición favorable, una manifestación firme de defender lo que sentía.
Hace poco lo vi pasar cabizbajo, se dirigía al mismo sitio de siempre. Le pregunté sobre su vida y solo supo hablarme de su soledad y de su lecho, ese de donde aún salen los monstruos que nunca existieron pero que era tan difícil enfrentar.

Nota del Autor:
Cualquier parecido con la realidad… es pura coincidencia.

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